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31 de enero de 2014

Feliz Año Nuevo, pequeña LY...


31 de Enero de 2014. Hoy es la Fiesta de la Primavera, el Año Nuevo Chino, y con él se inician un montón de celebraciones, reuniones, comidas tradicionales, mucha pirotecnica y jolgorio y millones de desplazamientos de gente que quiere reencontrarse con amigos y familiares que viven lejos y a quienes muchas veces sólo ven en esta celebración.

Si la vida te hubiese deparado otro camino, hoy estarías mirando con cara de alucine el colorido de las calles, los farolillos rojos, los dragones bailando y los fuegos de artificio. Quizás incluso estarías jugando con otros niños que, al igual que tú, estarían disfrutando de estas espectaculares fiestas que hoy se inician.

Hoy, sabiendo todo esto, me duele un poquito el alma. Hoy tomo más conciencia si cabe de que te hemos arrancado de tus orígenes y de tu gente hasta el punto de ser extranjera en tu propia tierra. Sí, sé que lo hicimos por amor, que nosotros queríamos tener una preciosa hija como tú y tú estabas necesitada de una familia que te ofreciera todo aquello de lo que carecías, pero me empiezo a dar cuenta de que el precio pagado es muy alto, vida mía.

Hoy, más allá de una simple fiesta, veo el enorme desarraigo que hemos provocado dentro de tí y que, a buen seguro, en el futuro saldrá a relucir. Sólo espero que encontremos el camino para calmar el dolor que eso te generará y que podamos ayudarte a encontrarte a tí misma, vida mía. Ojalá podamos estar a la altura de tus necesidades, pues tú ya estás sobradamente a la altura de las nuestras.

Por el momento disfruta del sueño junto a nosotros, mientras en China resuenan los petardos, la música y la alegría de un pueblo que hoy celebra el Año Nuevo Lunar. Feliz Año del Caballo, mi amor.


新年快樂!



17 de enero de 2014

Aceptación

Acabo de leerlo y no puedo resistirme a la tentación de compartirlo, pues me ha encantado, y ya de paso obligarnos a tener este decálogo siempre presente en nuestras vidas.

Está extraído de esta fantástica entrada del blog Buenos Tratos, del enorme Jose Luís Gonzalo. Gracias, Jose Luís, por este regalo. Aquí lo dejo:


"Acepta mi persona incondicionalmente, con independencia de mis conductas, características, sexo, raza, creencias y forma de ser.
Acepta que los motivos de mi conducta externa no siempre coinciden con las interpretaciones que tú haces. Pregúntame que siento y pienso por dentro para comportarme del modo en el que lo hago y, si no lo sé, ayúdame a tomar conciencia. Escúchame antes de aplicarme ninguna consecuencia. Enséñame calmadamente. Repara tus equivocaciones conmigo.
Acepta que tengo dificultades para aprender y que yo soy el primero que lo sufre aunque a veces me tenga que defender desde la indiferencia o con otro mecanismo de defensa, y que hago lo que puedo.
Acepta que no puedo ser como tú, que soy diferente. Y que muchas veces no puedo alcanzar el nivel de exigencia que tú me marcas.

Acepta que tengo un pasado que muchas veces influye en el presente y prospectivamente en el futuro.

Acepta que pueda tener sentimientos que no te gusten ni agraden como la ira, el odio hacia ti, el temor, la inseguridad… Si los contienes y les das forma y palabra con reflexión, podré ir canalizándolos.

Acepta que como padre y madre has de revisar y reflexionar sobre tu propia historia de apego y el modo en el que te influye a la hora de educarme y vincularte conmigo.
Acepta que mi mente puede no estar bien organizada aún y que me has de ayudar, apoyar y tener mucha paciencia para que pueda estabilizar y organizar adecuadamente muchas de mis buenas intenciones
Acepta que las relaciones sociales me evocan experiencias de vínculos pasados y que no me resultan fáciles porque a veces las puedo querer pero las rechazo porque las temo; otras veces las desprecio porque no conocí lo que es la emoción sentida. Y en otros casos, no sé dirigirme porque no conozco los códigos o entro en caos por mi activación interna o mi desconocimiento de cómo hay que relacionarse.

Acepta que has de volcarte en mí, que no tuve infancia, que me la robaron... Reconoce mi dolor para empatizar no con el fin de justificarme. Recuerda que si me das un punto de apoyo incondicional el tiempo que lo necesite, transformaré mi mundo y conoceré la resiliencia.

Estos diez principios se encierran en dos: aceptarás (y respetarás) al niño/a sobre todas las cosas y circunstancias y le acompañarás (ni dos pasos por delante de él/ella, ni dos por detrás) en todas las cosas y circunstancias.

Trabajemos por ello y para ello."
 
Que no lo olvidemos nunca y podamos tenerlo en mente en cada ocasión que podamos aplicarlo.

12 de diciembre de 2013

Y cada día...os amo más

Vida mía,

Hoy hemos hecho diecinueve años juntos, nueve de casados y ha sido nuestro primer aniversario de boda como padres.

Mi corazón se hincha de felicidad cada vez que oigo reir a nuestra hija, cada vez que veo felicidad en su cara por el mero hecho de estar con nosotros en casita, por sentarnos en la alfombra del salón a jugar o ver dibujos juntos. Y sólo hay una cosa que es superior a esos sentimientos: mi inmenso amor por tí, que crece día a día, minuto a minuto.

Ver tu cara mientras observas a la pequeña disfrutar, alegrarnos juntos de los pequeños (grandes) avances de nuestro bichillo, regocijarnos con detalles que antes hubiesen pasado posiblemente inadvertidos... Es maravilloso haber formado una familia tan hermosa y me siento muy, muy afortunado de tenerte a mi lado. Gracias por acompañarme en este viaje de un sólo sentido que es la vida y darme tanto sin pedir nada a cambio. Te quiero con toda mi alma.

Hoy, diecinueve años después de cogernos de la mano y echar a andar juntos, puedo afirmar que tengo el mayor de los tesoros: mi vida es plena y me acompañan en ella mis dos amores, haciendo que todo cobre sentido.

Susana, quiero dedicar el resto de mi vida a haceros felices, a cuidar de vosotras, a ofreceros todo lo que esté a mi alcance y podáis necesitar. Ese es mi fin último, el sentido de mi existencia, lo que hace que todo esté en su sitio: lograr vuestra felicidad día a día.

Nuestro primer aniversario de bodas como padres no ha sido un día de celebraciones, sino de médicos. No ha sido un día de grandes cenas, sino de "chino a domicilio". No ha sido un día de regalos físicos, pues nuestro mayor regalo está durmiendo placidamente a nuestro lado por las noches. Hoy ha sido el día de poder contemplar tu cara, relajada después de la tensión del viaje, las citas y la documentación, mientras reías viendo las últimas ocurrencias de la pequeña LY durante la cena o mientras nos pedía salsa agridulce en su particular españochino... Y te aseguro que pese a lo atípico, me ha generado sentimientos mucho más intensos que otras celebraciones mas "ortodoxas".

Siento que nuestras vidas están mucho más unidas que hace diecinueve años, el maravilloso día que nos cogimos de la mano para no soltarla jamás. Gracias por hacer de la vida una preciosa y agradable melodía

Os quiero.

9 de diciembre de 2013

Vivir

Querida LY:

Hoy me he encontrado con esta relación de acciones que me han evocado muy buenos momentos. Creo que he vivido todos ellos, la mayor parte con tu maravillosa madre al lado, y no quería dejar de compartirlos contigo. Aunque algunos de ellos sean pequeños, no por ello son menos placenteros y satisfactorios. Al menos, a mí, me reconforta recordarlos. No los pierdas de vista, mi vida. Merece la pena vivirlos...

Enamorarse.
Reírse hasta que te duela.
Una ducha caliente.
Nadie delante de tí en el supermercado.
Un mensaje.
Escuchar la lluvia caer.
Un café caliente.
Una llamada.
Los viajes en coche.
Tener un sueño bonito.
Ganar un desafío.
Coger de la mano a alguien a quien quieres.
Oír las risas de tus hijos.
Encontrarte por la calle con un viejo conocido.
Ver amanecer.
Hacer un regalo.
Despertar y ver que aún te quedan horas para dormir.
Escuchar de manera casual a alguien que dice algo bonito sobre tí.

Eso...es vivir.

17 de julio de 2013

Cuatro meses con olor a Nenuco

Hoy hace exactamente 4 meses que nuestra pequeña LY es parte inseparable de nuestras vidas. Nuestro pequeño milagro huele a colonia Nenuco, con esa fragancia penetrante y dulce que hace que viajemos en el tiempo a cuando nosotros mismos éramos niños y, tras el baño relajante, nos rociaban con ese aroma inalterable pese al transcurrir de los años.

Estos cuatro meses, intensos como ellos solos, nos han permitido establecer el comienzo de un vínculo maravilloso con nuestra hija. Un vínculo que se ha visto reforzado por las adversidades en las que nos hemos mantenido unidos y hemos estado a su lado en todo momento, de manera que cada vez que LY levantaba la vista nos encontraba y cuando comenzaba a expresar una necesidad, ya estábamos ahí para cubrirla.

A fecha de hoy, 17 de Julio, podemos afirmar con plenas garantías de no estar equivocados que nuestro tesoro es feliz. Es una niña alegre, juguetona, sonriente, besucona y mimosa, además de dura y resistente como ella sola.

A nivel físico, la pequeña ha dado un cambio enorme con respecto a la niñita que nos entregaron cuatro meses atrás, pero a nivel afectivo la cosa no queda atrás. Escuchar su risa es uno de los mayores placeres que he tenido oportunidad de disfrutar en mi vida. Casi tan grande como el que se siente cuando te despierta o te da las buenas noches con besitos y abrazos...

Durante estos meses ha ido creciendo en nosotros un enorme amor por ella, un sentimiento tan grande y poderoso que hace que diésemos cualquier cosa por evitarle todo tipo de sufrimiento. Hoy por hoy no sabríamos vivir sin tenerla con nosotros. Es nuestra hija, lo más grande que podía sucedernos.

Y por encima de nuestros sentimientos, están los de LY. Día tras día vemos reflejado ese mismo amor que nosotros sentimos por ella en su corazoncito. LY nos quiere y se siente segura con nosotros. No sé si a fecha de hoy nos considerará sus padres, unos "cuidadores majetes" o simplemente "esos señores que me dan de comer, me bañan y juegan conmigo cada día", pero tengo claro que nos quiere y mucho. Sus besos son profundos y sentidos, al igual que su lloro las (pocas) veces que le echamos la bronca para evitar que se haga daño con algo peligroso. Y saber que nuestra hija nos quiere es maravilloso, nos llame como nos llame.

Quizás LY tenga algún día un hermanito o hermanita, eso sólo Dios lo sabe (al igual que su procedencia), pero mientras llega tengo claro lo que quiero: disfrutar cada día de nuestra pequeña como si acabara de llegar a la familia, como disfrutamos de ella el día de la asignación, el día en el que nos la entregaron y durmió plácidamente entre nuestros brazos por primera vez.

Mi vida con Susana ha sido plena y me he considerado enormemente afortunado desde que la conocí, pero siento que con la llegada de nuestra hija, nuestra vida como familia se ha enriquecido de una manera formidable. Nuestra familia, pese a seguir en fase de construcción, está muchísimo más completa. Esta "enana" nos ha conquistado el corazón.

Por último, hoy no quiero dejar pasar el día sin recordar a varias personas:
  • Al abuelito, que (no me cabe duda) nos guía y nos cuida allá donde quiera que esté. Me apena saber lo que se está perdiendo y lo mucho que hubiera disfrutado con la risa y las carantoñas de LY, pero al menos lo hace la abuelita por él y sé que estaría orgullosísimo de su nietita.
  • A nuestras familias, por acompañarnos en esta aventura pese a no entender en ocasiones el aluvión de información que les dábamos. Seguro que más de una vez pensaron que nos habíamos vuelto locos, pero su apoyo firme, acudiendo incluso a cursos de formación adoptiva con nosotros, nos dió las fuerzas necesarias para seguir adelante.
  • A las personas que encontramos en este arduo camino de la adopción y que hoy son ya nuestros amigos. Gente maravillosa, con tremenda empatía y capacidad de superación. Gente que ha demostrado que sabe estar a las duras y a las maduras y que nos ha apoyado en todo momento, de forma incondicional.
  • A los cuidadores del orfanato donde estuvo la peque y a toda la gente que tuvo en su vida durante sus primeros dos años de vida, pues dejaron una huella imborrable en ella y a juzgar por su estado físico y afectivo, la cuidaron a la perfección. 
  • A los médicos y profesionales que nos acompañaron antes de la llegada de LY y a los que lo están haciendo ahora que está aquí con nosotros. Las decisiones son siempre más fáciles cuando alguien con la experiencia y conocimiento suficientes te permite entrever el camino.
  • A la gente de asociaciones a las que ni siquiera pertenecemos de forma "oficial" que nos ayudaron durante los meses previos a la llegada de LY, haciendo que trámites complejos se convirtieran en algo sencillo, casi mágico. Sin ellos, posiblemente la llegada de nuestra hija se habría retrasado varios meses.  
  • A Dios, que nos ha permitido alcanzar nuestro sueño de la forma más increible y maravillosa que podríamos haber soñado jamás, llenando nuestras vidas de gozo.
Nuestro agradecimiento eterno a todas estas personas y a muchas que nos dejamos en el tintero por el cansancio (¡bendito cansancio!) que tengo a estas horas de la noche por culpa de LY. Ojalá algún día podamos devolverles todo lo que hicieron por nosotros de una manera u otra, pues nuestra hija es también un poquito de ellos.

17 de Julio. Cuatro meses con olor a Nenuco. La familia crece y nosotros rebosamos felicidad. Casi no me lo puedo ni creer. LY duerme relajada en la cama junto a mamá y yo, en cuanto pinche en "Publicar" me tumbaré a su lado, miraré esa preciosa carita y dormiré con el corazón irradiando felicidad por los cuatro costados. Gracias, Dios mío. Gracias.

18 de junio de 2013

Tres meses juntos




Imposible ser más felices...

Nuestra pequeña LY es feliz. Lo dice nuestra familia, los amigos que la ven cada cierto tiempo... pero sobre todo, lo leemos en sus ojos. Se despierta riéndose, preparando alguna de las suyas, porque es muy pero que muy bicho. Nos regala sonrisas por nada, nos da besos y los pide. Le encanta que la abracen y le encanta abrazar. Sigue creciendo en estatura, y además empieza a entendernos. Es capaz de decirnos oraciones de tres palabras en lengua de signos mientras parlotea un idioma que aún somos incapaces de descifrar.

Pero sobre todo, va creciendo el vínculo entre los tres. Sobre todo, el vínculo con papi, que está felizmente agotado y orgulloso con parte de la baja maternal que ha podido coger. LY se derrite en sus brazos. Es a él a quien busca cada mañana. Dani es quien le prepara el desayuno todos los días, quien la saca a pasear y jugar, quien la lleva de visitas y a los médicos. Bendita baja. No se quien es más feliz de los dos, y eso me llena de orgullo.

Y este vínculo se va haciendo más y más intenso. LY ya no se va a los brazos de cualquiera, sino que espera un poco en brazos de sus papis y luego ya se abre a todo el mundo, o ahora cuando está pachucha, ya no quiere ninguna visita en casa. Le molestan hasta los iaios y sólo quiere nuestros brazos (los de Dani con preferencia). Y ya está más tranquila en las visitas a médicos y no se pone a llorar, aunque nos agarra con fuerza del cuello. LY crece en amor y felicidad cada día.

Nuestra pequeña princesa de ojos negros que vino desde tan lejos... ¡¡¡Bendito hilo verde!!!

2 de junio de 2013

Magia

Fotografía: Vicenta Borja


Magia es acostarse y ver tu cara dulce y relajada descansando entre las nuestras.
Magia es que con tus manitas cojas nuestras caras y las acerques a la tuya para que te demos un beso.
Magia es despertarse por las mañanas con una de tus sonrisas mientras nos traes las gafas.
Magia es verte reir a carcajadas hasta con la más mínima gracia que podamos hacerte.
Magia es ver brillar los ojos de todos los que te rodean por el mero hecho de tenerte cerca.
Magia es observarte mientras juegas a las "cocinitas" o a perseguir al gato con cara de pilla.
Magia es verte devorar la comida que acercamos a tu boca mientras pones cara de deleite.
Magia es disfrutarte todos los días en algo que, de tan lindo, parece un sueño irreal.
Magia es superar el cansancio, el sueño, el hambre o la sed con tal de darte a tí descanso, comida o bebida.
Magia es tenerte aquí, con nosotros, dejando atrás la dura espera, la lucha incesante, los malos momentos.
Magia es que esta "luna de miel" esté siendo tan larga y tan dulce.
Magia es que sólo tengas dos añitos recién cumplidos y ya seas una personita maravillosa, con una energía desbordante, un carisma arrollador y una mente curiosa y espabilada.
Magia es lo que nos gustaría hacer para que los que ya no están pudieran disfrutarte, aunque solo fuera un momento.

Magia...eres tú, querida LY.

Feliz cumpleaños, princesa


5 de mayo de 2013

Mi primer cumpleaños como padre

Hoy ha sido un día especial: mi primer cumpleaños como padre, el primero con LY en casa, junto a nosotros. No hemos hecho una gran celebración, no nos hemos juntado toda la familia (lo haremos mañana, día de la madre, y matamos dos pájaros de un tiro), ni hemos tenido tarta "al uso". No es necesario. Tengo absolutamente todo lo que necesito para ser inmensamente feliz.

El día ha comenzado con la peque trayéndome las gafas de su madre a las siete y media de la mañana para despertarme, como diciéndome "papá, ponte los ojos y vamos a jugar...". Pese al madrugón, me he levantado con la sonrisa en la cara. ¡Qué forma más bonita de comenzar el día de mi cumpleaños!

La mañana la hemos pasado haciendo alguna compra de última hora para la celebración del domingo. En otra ocasión, pasar una mañana haciendo compras o mirando tiendas habría sido un incordio, pero... esta vez es diferente. Ver a LY mirándolo todo con curiosidad, corriendo por las tiendas de un lado a otro, tocándolo todo, disfrutando y saboreando cada momento... La vida ha cambiado, sí, pero infinitamente a mejor.

Al mediodía hemos comido los tres con mi madre. Comida con aires del país vasco que, además de satisfacer el estómago, me han hecho añorar aún más si cabe a mi padre. ¡Cuánto hubiera disfrutado hoy, entre pimientos del piquillo, los pintxos de morcilla de burgos, el choricillo a la sidra y el chuletón de kilo mientras su nieta jugaba de brazo en brazo! Uff, cuánto te echo de menos, papá. Ojalá nos hayas podido ver y hayas podido disfrutar de este ratito tanto como lo hemos hecho nosotros... Lágrimas ocultas en mi interior honran hoy tu memoria.

Por la tarde, después de una siesta reparadora, festival en el cole de Susana. Los niños de su clase diciendo lo guapa que era la peque y preguntándonos cosas sobre ella, los compañeros dándonos la enhorabuena y jugando con la niña... LY ha disfrutado de la parte bonita del colegio sin las obligaciones que conlleva (ya le tocará), saltando de silla en silla y correteando por el patio con cara de pilla.

Por último, cenita en casa (algo de comida rápida, que estamos todos cansados) y dentro de nada a la cama a descansar, que mañana es un día de emociones con la familia.

Mientras tanto, durante todo el día ha habido un goteo incesante de llamadas, mensajes por whatsapp, sms y facebook... Tener tantos y tan buenos amigos es un verdadero tesoro. Me siento verdaderamente afortunado de estar rodeado de tan grandes personas. Es genial sentir que no estás solo en el mundo, que no eres una piedra en medio del océano, sino un grano de arena en la playa, cálida y rodeado de otros pequeños granitos de arena como tú que te arropan...

Así que, pese a no haber tenido un cumpleaños "tradicional", pese a no haber tenido tarta, pese a no habernos juntado todos en casa... he tenido uno de los mejores cumpleaños que recuerdo. Porque somos tres, porque soy padre, porque tengo una familia y unos amigos maravillosos, porque soy feliz y porque la vida me está regalando una etapa verdaderamente increible y la suerte de poder vivirla de forma intensa, vibrante y dulce.

Y respetando las opiniones y creencias de todo el mundo, yo también tengo las mías, así que quiero dar gracias a Dios por estos momentos de felicidad plena. Lo tengo todo, soy feliz y hace ya mucho tiempo que me convencí de que la casualidad no existe, que la suerte se la busca uno y que el destino no está escrito. La Providencia guía nuestras vidas y a nosotros nos está llenando, creo incluso que sin merecerlo, de todos los bienes que uno puede desear. Sea como fuere, gracias, mil gracias por permitirnos ser tan felices.

4 de mayo de 2013

Mi pequeña colibrí



¡¡¡Como un colibrí!!!

Así notaba yo los latidos de LY la primera noche que pasamos juntos. Esa maravillosa noche en la que el mejor de los mejores sueños se hacía realidad viendo la dulce cara de nuestra hija tumbada entre los dos en la cama, agarrando con cada mano a su padre y a mí al mismo tiempo.
No había sensación de miedo en su cara. Ni tampoco sudaba... sólo dejó de hacernos caso ya de noche cuando después de muchas risas y sonrisas el sueño la venció.

Con un miedo atroz a tocarla, pues me ponía en su lugar y pensaba en la desorientación que tendría al día siguiente cuando viera a "esos dos desconocidos que me sonríen", la tapamos cuidadosamente. Puse muy lentamente mi mano en su pecho. ¡Qué pena de fotografías! no teníamos ni tiempo de hacerlas y los momentos eran tan intensos que se nos olvidaba coger la cámara.

Ojitos cerrados, respiración un poco agitada, mano agarrada a su papi y yo acariciándola dulcemente. Fue entonces cuando lo noté. Las pulsaciones eran tan rápidas que en seguida a mi mente vino la imagen de un colibrí. Le miré las manos, vi sus uñas sonrosadas y pensé que todo iba bien.

Y mi pequeña colibrí, aún con sus risas, con sus miradas, en sus sueños, en los paseos... seguía teniendo el corazón como un colibrí... y así ha sido también al llegar por fín a su casa, al conocer su nuevo entorno, la famila, los amigos, los animales... pero los médicos auscultaban y no daban importancia. Hasta que LY se puso malita la semana pasada y nos asustaron con las pulsaciones de mi pequeña.

Todo tiene su yin y su yan. Tenerla monitorizada casi 12 horas hizo que descubriéramos su corazón. Pasó de tener picos de 200 pulsaciones a, ya en la habitación sóla con nosotros, con sus papis, las pulsaciones fueron descendiendo, hasta llegar a un tranquilizador 120. Pero cada vez que se abría la puerta y aparecía una médica o una enfermera, las pulsaciones volvían a dispararse.

Y ya en casita más tranquilos, días después, sin mocos, sin fiebre y durmiendo de nuevo entre nosotros, puse otra vez la mano en el pecho suavemente. Un latido normal. Le conté las pulsaciones, y no llegaban a 100. ¿Qué le ha pasado a mi colibrí? Y en ese momento nos damos cuenta de que ella está empezando a adoptarnos como padres. Que nuestra presencia la tranquiliza. Ahora sólo con tocarla sé si está nerviosa o tranquila. Curiosa manera de descubrirlo.

Pero a mi mente siguen llegando las imágenes de un colibrí, un ser frágil, de batir de alas rápido y enérgico pero a la vez elegante. Curiosa imagen que a veces se trunca cuando coge un juguete y va correteando por casa haciendo gritos graves y soltando carcajadas mientras lo lanza al suelo para ver qué sonido produce y nos mira con cara de picardía. En esos momentos el colibrí huye despavorido y cariñosamente nos miramos mientras disfrutamos de nuestra sonriente y alocada Godzilla que, tranquila, alegre, confiada y con la barriga llena, ha decidido que es hora de que dejemos de estar sentados y nos lancemos a jugar con ella.

Ya se sabe, si no puedes con el enemigo... ¡únete a él!


28 de abril de 2013

Cosas que han cambiado al hacernos padres

Cosas que han cambiado

- Dani cambió su teclado ruidoso por uno silencioso.
- El cajón de los sujetadores ahora es el de los pañales.
- La TV tiene marcas de manitas que no quiero limpiar.
- Ya no tengo insomnio y me duermo al poco de acostarme.
- Ahora desayunamos los tres juntos, y no cada uno por su lado.
- Valoro cada instante de silencio y paz con igual intensidad que cuando LY despierta y todo se vuelve sonoro.
- Mi cara está relajada.
- Nuestra vida de pareja es aún mejor que antes... Ejem!
- La escobilla del water puede ser usada como una espada de juguete.
-  El rollo de papel higiénico tiene marcas de dientecitos.
- A veces el rollo aparece en otro lado... En trocitos.
- El Jacuzzi ahora está lleno de juguetes de agua y gel atópico.
- La batería del IPad me dura días por falta de uso.
- El móvil se pierde en lugares insospechados.
- El aseo huele a pañal usado.
- Ahora ya roncamos 4 en la habitación, y no tres como antes. Y si la niña no ronca... Malo! Me despierto con luz para ver si respira.
- El bebedero de agua de los gatos es una piscina infantil improvisada.
- Las toallitas húmedas lo limpian TODO.
- Tenemos tres tipos de saca mocos y el mejor ha sido el más barato.
- Nuestros tres termómetros dan resultados diferentes, pero el más resultón es el de chupete.
- El cajón de LY de pantalones es de 12 meses, pero el de jerseys es de 18.
- Todos se vuelcan en dejarte ropa pero lo más alucinante es que te dejen ropa de gemelas. Lo tienes todo doble....
- No hay tiempo para nada.

Y todo aquello que juré que nunca haría o diría... Empiezo a hacerlo o decirlo.
Y todo lo que en mi interior critiqué de los hijos de los demás... Me descubro haciéndolo con mi hija.
Y todo lo que me propuse grabar... Ahora no me da tiempo ni a coger la cámara.
Y todas las fotos que siempre le quise hacer... Ahora crece por momentos y no saco tiempo para hacerlas.


Y cada día soy más feliz...


 

23 de abril de 2013

LY malita: ya somos padres

Bueno, pues oficialmente ya hemos entrado en el mundo de la paternidad: ayer estuvimos con LY ingresada en el hospital. Primer susto para padres inexpertos con niña sin antecedentes conocidos...

A las cuatro de la mañana se despertó Susana porque la niña estaba muy agitada. Respiraba con dificultad, tenía la frente ardiendo y el corazón latía cual caballo desbocado. Tras tomarle la temperatura y ver 38,6º decidimos salir corriendo a urgencias, principalmente por el tema de los latidos. Y acertamos.

En urgencias del hospital nos atendieron estupenda y rápidamente. Lo primero, tomarle la temperatura a la nena: 39.1º. Mientras le administraban Apiretal y le ponían unas gasas frías, la pediatra le tomó las pulsaciones... ¡Más de 180 latidos por minuto! Hale, a hacerle un electrocardiograma...

Por desgracia, en urgencias no tienen aparatos específicos para niños. Entre que LY tiene pánico a los médicos, que estaba muy nerviosa, la fiebre, etc... el ECG salió fatal. Los picos de la gráfica se salían de la hoja. Además, pese a hacer tres intentos, no conseguían ponerle una vía a la nena, por lo que la pediatra, con buen criterio, decidió que era el momento de ingresarla, repetir el electro con la máquina de pediatría y que se quedara en observación para hacer un seguimiento de las constantes vitales.

A estas alturas, yo ya estaba para que me ingresaran a mí también... Si me hacen un electro, reviento la máquina. Susana, gracias a Dios, tiene una gran capacidad de mantener la calma en momentos así, pero la procesión va por dentro y también estaba muy nerviosa de ver cómo se desarrollaban los acontecimientos. Sobre todo porque la pediatra de urgencias comenzaba a relacionar cosas como la atresia auditiva de la nena con la eco abdominal que la harían al día siguiente...y con la taquicardia. ¿Y si aparece ahora un problema de corazón? Ufff...no quiero ni pensarlo.

Nos pasan a la planta de pediatría y una vez más se repite la escena, solo que esta vez con un aparato adecuado. El último ECG ya ha salido normal, por lo que casi se descartan problemas de corazón, pero aún así nos quedamos, pues sigue con una frecuencia cardíaca alta y no han podido auscultarla debido a la rabieta que lleva...

En la habitación, la estama es demoledora: ver a la peque con las pegatinas del electro (que no se las quitaron por si había que repetirlo), carita de pena y de malestar por la fiebre y por estar rodeada de médicos hacía que nos dieran ganas de llorar. Nos sentamos a su lado, la agarramos la manita y se quedó dormida. Gracias a Dios, pues esto hizo que sus pulsaciones se estabilizaran (en 115-120 lpm) y que pudiera descansar. Además nos permitió a nosotros conocer su "normalidad" (pese a estar aún con algo de fiebre) en lo que a ritmo cardíaco se refiere.

A las 10 y media de la mañana nos vieron los médicos. Hasta cinco personas, entre pediatras y enfermeras, reunidas para evaluar la situación. Tras revisar el ECG de la noche, la evolución de las constantes vitales de la nena, auscultarla mientras dormía y ver que todo estaba normal, diagnosticaron que todo había sido una subida de garganta fuerte (la tiene inflamada, rojísima y llena de mocos, la pobre). Así que Apiretal y Dalsy alternos cada 4 horas y a casita. ¡¡Menos mal!! Al final, acabamos saliendo del hospital a las cinco de la tarde, habiendo ingresado a las cinco de la mañana... Las doce horas más largas de mi vida (¡mucho más que las doce horas de vuelo para volver de China!)

En estos momentos es cuando te das cuenta realmente de todo lo que amas ya a esta pequeña criatura que lleva un solo mes con nosotros. La quieres por encima de todas las cosas y darías lo que fuera por su bienestar. Hoy nos hemos turnado Susana y yo durante la noche para, cada hora, despertarnos uno de los dos y revisar su estado febril (las subidas de fiebre son repentinas y tiene picos de cuando en cuando de hasta 39.4º), pese a estar ambos destrozados tras el día de hospital. El cuerpo saca fuerzas de donde haga falta para atender las necesidades de tu hija, aunque no seas capaz ni de hacerte la cena para tí... Eso sí: no quiero ni imaginar esto siendo uno sólo o teniendo que ir al trabajo al día siguiente...ufff!!

Finalmente, la peque va mejor, con la fiebre controlada gracias a los antitérmicos y esperando la revisión del pediatra de mañana por si hay que darle algo más o esperar a que se pase sólo. La buena noticia es que hemos superado nuestra primera crisis médica con éxito (¡casi diría que con nota!) y que ya, oficialmente, hemos entrado en el mundo de la paternidad: ya estamos sufriendo por nuestra hija.

Te queremos, LY. Gracias por las sonrisas que nos dedicas pese a tu fiebre y gracias por mirarnos a los ojos y apretarnos la mano para poder dormirte tranquila. Nos llenas de felicidad.

6 de abril de 2013

Día 14. 27 de Marzo. Regresamos a casa.

A las ocho de la tarde del día 26 nos está esperando nuestra guía en el hotel. El "chico de las maletas" baja todos los bultos mientras nosotros saldamos la cuenta del hotel (nos hemos llevado un mapa de Beijing de recuerdo que vale 10 yuanes). Nos subimos por última vez a un coche que nos llevará hasta el aeropuerto donde cogeremos el vuelo de vuelta a casa. La guía nos acompañará hasta la puerta de embarque y hará de intérprete por el camino en caso de ser necesario. Hoy está amable y casi cariñosa con nosotros. En fin, un poco tarde, pero más vale tarde que nunca...

En el aeropuerto lo primero que hacemos es envolver las maletas en celofán. No es una medida especialmente segura, pero nos entregan por cada maleta un justificante de haberlas envuelto, por lo que si al llegar a España alguna de ellas está abierta, podremos indicárselo a la Policía y acreditar que en Beijing las envolvimos por precaución, así evitamos líos. Nos ponemos a la cola junto a otras personas que están esperando para lo mismo y mientras tanto observamos el proceso. Hay tres personas trabajando allí: una señorita que va cobrando a la gente mientras dos chicos se encargan de despachar las maletas. Uno las va colocando en una peana y guiando el celofán que dispensa una máquina con gran destreza mientras que el otro coloca cintas de embalar alrededor de las maletas ya precintadas ayudándose de otra máquina. Ambos chicos están muy fuertes, pues manejan los diferentes bultos (de gran peso todos ellos) con una soltura que llama la atención poderosamente...

Mientras esperamos, sucede una escena curiosa: alguien ha traído una bicicleta para embalar. ¿Cómo se embala algo tan irregular? En España habría sido un "sentimos no poder ayudarle", pero esto es China. Aquí todo es posible. Jugándose el tipo, los dos chicos insertan como pueden la bicicleta en la plataforma de embalado y van guiando el celofán en una maniobra no exenta de riesgo. Ver la bici dando vueltas en la plataforma y a uno de los chicos esquivándola como puede mientras hace equilibrios en un borde de metal junto a la máquina es todo un espectáculo. El resultado final es que la bici queda envuelta en precinto como cualquier otro bulto, aunque con una de las ruedas rotas (es de plástico y no ha soportado la tensión del celofán...). Bueno, al menos se la puede llevar...

De ahí nos dirigimos al mostrador de facturación. En él nos está esperando nuestra querida amiga S. con su hija. Tiene cara de seguir mala y está a punto de echarse a llorar. Nos va contando todas las peripecias de esta semana y media. Las ha pasado canutas y estando sola, lo que es aún peor. Intentamos calmarla explicándola que ya estamos juntos y ya ha pasado todo, que ahora se puede apoyar en nosotros y que vamos a ayudarla en todo lo que necesite hasta que esté con su familia de vuelta. Está demacrada, ha adelgazado varios kilos y parece al límite de sus fuerzas... Su hija es un bombón, pero también ha estado malita y además sólo quiere estar en brazos de su madre, sin entender que ella ya no puede ni con su alma... Pobrecita. Hasta ha contratado los servicios de un chico del aeropuerto para que la ayude con las maletas y no tener que hacer colas ni esperar en los controles, de lo cansada que se encuentra. Ánimo, ya queda menos...

Facturamos las maletas sin problemas pese a estar todas ellas pasadas de peso y nos dan nuestras tarjetas de embarque. Ya nos sentimos más cerquita de casa, aunque tenemos dudas sobre cómo van a ser las siguientes doce horas y media que dura el vuelo... ¿LY estará preparada para un vuelo así? ¿Cómo lo llevará? ¿Y nosotros?

Seguimos andando hasta llegar al punto en el que nos separamos definitivamente de nuestra guía. La damos las gracias, el sobre con la propina "voluntaria" que la ECAI nos indicaba en sus instrucciones y nos despedimos de ella para, posiblemente, no volver a verla nunca. A partir de aquí estamos solos. Bueno, solos pero con nuestra amiga S. y su simpático ayudante, que al final acaba ayudándonos a todos. Por el camino (él nos va guiando por el aeropuerto) charlo un poco con él. Entiende bastante bien el inglés y podemos comunicarnos de forma razonable. Acabo dándole unos yuanes de propina adicionales a lo que S. le paga por sus servicios, pues ha resultado de gran ayuda y nos ha permitido acceder por la puerta "VIP" sin hacer colas... ¡Hasta hemos pasado por una puerta que ponía "acceso para diplomáticos"! Jo, qué gusto dan estas cosas cuando ya estás con ganas de llegar...

Esperamos al fin en la puerta de embarque, con los nervios a flor de piel. S. nos cuenta cómo ha sido su odisea y la verdad es que es espeluznante. Esta mujer se ha ganado a pulso el título de madre tras aguantar carros y carretas durante una semana y media, luchando contra la fiebre, el agotamiento y tener que lidiar con una peque bastante más movida que LY...

Nos llaman a embarcar. El avión está a pie de pista, por lo que nos llevarán en autobús. Por el camino, S. se marea y nos dice que la ayudemos, que está muy mareada y teme caerse... ¡Vaya panorama! Tenemos serias dudas de cómo va a aguantar el vuelo esta mujer que está verdaderamente al borde de sus fuerzas...

Al llegar al avión, Susana se queda con LY abajo mientras ayudo a S. a subir (que sigue mareada y hay que acceder al avión por la escalerilla). Cuando la dejo con las azafatas vuelvo a por Susana que ya está subiendo las escaleras. Estamos al fin en el avión, que por cierto parece más pequeño que el de la ida... ¿será posible?



Cuando entramos al avión, nuestras sospechas se confirman: tanto el de la ida como el de regreso son Airbus A330, pero el de ida era de la serie 300 y el de vuelta es más antiguo, de la serie 200. ¿Diferencias? En el de ida nos sobraban unos centímetros a ambos lados del asiento que nos permitían cambiar de postura y la cuna de viaje soportaba 10 kg (suficientes para LY, que pesa 9.6 kg), mientras que en este nos quedamos encajados en el asiento (rozamos por ambos lados al sentarnos) y la cuna no soporta más de 9 kg, por lo que nos tocará llevar a LY en brazos todo el vuelo. Uff... esto promete.

El despegue se realiza de forma suave y progresiva. No sabemos si por la serie de avión o por qué pero el ascenso lo está realizando de una forma mucho más gradual que en España, por lo que la cabeza no se resiente tanto y la presión en la cabina se va adaptando de forma suave. ¡Ya estamos volando! Volvemos a casa... LY ha llevado muy bien el despegue, gracias al Chupachups que le ha dado su madre (a mí me ha dado otro, jejeje...). De momento todo va bien. Me acerco a ver a S. tan pronto estamos volando para ver cómo lo lleva. Ella tiene el mismo problema que nosotros con la cuna, pero encima se ha sentado al lado suyo un chino bastante guarrete que la está incomodando mucho. Además, S. no habla inglés y las azafatas no la entienden. Me ofrezco de traductor, conseguimos explicarle a las azafatas todo lo que necesitaba que supieran y le explico a S. que ya no está sola, que estamos para ayudar en lo que necesite, que no debe preocuparse... Lo ha hecho muy bien y ha sido muy valiente. Lo peor ya ha pasado. De repente, rompe a llorar. Toda la tensión acumulada de estos días tiene que salir por algún lado y explota en el momento en que se siente segura por primera vez, cuando ve que por fin ha logrado subir al avión que la lleva de vuelta a España y con gente cerca que la va a ayudar... Pobre mujer. Me parte el alma verla así. La abrazo para consolarla un poco y cuando finalmente se recompone, la indico dónde estamos sentados para que pueda buscarnos si necesita algo...

Vuelvo a mi asiento y la verdad es que tanto Susana como yo nos encontramos bastante cansados, así que lo mejor será que intentemos dormir. ¡Ja!, me digo para mis adentros... Dormir en un avión. Lo que me faltaba por imaginar... Pues sí. El cansancio también ha hecho mella en nosotros y acabo durmiendo casi cinco horas del tirón con LY en mis brazos. Nos dormimos juntos justo después de tomar algo de cena (arroz con no-se-qué y una salsa rara que estaba bastante decente) y cuando nos despertamos ya ha pasado casi la mitad del viaje. ¡Si ni siquiera me he enterado de las turbulencias que hemos tenido! Susana decía que el avión se movía como si fuera el tren... Pues mira, genial, mejor así.

El resto del vuelo transcurre con normalidad, aunque se hace realmente eterno. Doce horas y media de viaje es demasiado incluso para gente que no le da miedo el avión... Por en medio, hablamos un par de veces con S. (que ha cambiado de asientos a la parte trasera del avión porque no soportaba al chino de su fila, su hija no dejaba de llorar y comenzaba a incomodar a la gente de alrededor y además en la parte trasera puede tenerla tumbada usando dos asientos...) y con O., un chico que conocimos en la cola de embarque que también es de Alicante. Es un joven emprendedor que tiene varias empresas de importación y exportación con China: exporta vino de Rioja e importa móviles y fuegos artificiales... Un chico muy majete con el que compartimos algunos de los detalles que más nos han llamado la atención de nuestra experiencia asiática y que nos cuenta también las cosas que le sorprenden aún a él.

Llegamos por fin al momento de aterrizar en Barajas. Como ya preveíamos, el aterrizaje una vez más es muy suave. Ya estamos en territorio español. ¡¡YUJUUUU!! Lo hemos logrado.

El avión rueda durante veinte minutos por la pista hasta llegar a la zona donde debemos desembarcar. ¡Casi llegamos a creer que el piloto se había perdido en el aeropuerto! Descendemos de la máquina voladora infernal en la que hemos estado más de doce horas con ganas de estirar las piernas y, sobre todo, con ganas de regresar a nuestra querida Alicante y ver a la familia y los amigos. Ayudamos a S. con la nena y el carro mientras nos dirigimos a la cinta donde debemos recoger las maletas, que tardan en salir casi una hora. S. se encuentra algo mejor, aunque la nena no ha dejado de llorar durante prácticamente todo el vuelo y ha crispado algo los nervios de su madre. Normal. Al fin salen nuestras maletas de la cinta y nos dirigimos a la salida. Allí, S. se encuentra con su familia que la está esperando. Nos despedimos entre lágrimas (una vez más se ha venido abajo al sentirse a salvo con su gente) y con la promesa de reencontrarnos en breve. Vive relativamente cerca, así que esperamos que podamos juntarnos de cuando en cuando...

Cogemos un taxi para ir a la estación de tren. Aunque tenemos el tren de vuelta a las 9:20, vamos a ver si tenemos suerte y podemos coger el anterior para llegar a casa pronto. El taxista conduce a una velocidad casi temeraria (140 km/h en zona de 80...) sin haberle dicho nada nosotros, pero no rechistamos: nos viene bien para intentar cambiar el tren... Cuando al fin llegamos a Atocha, el taxista nos cuenta una milonga de tasas de eurotaxi, bultos, equipaje y no-se-qué para acabar cobrándonos 50 euros por la carrera en lugar de los 30 que marcaba el taxímetro. Ya nos han pegado el primer clavo, síntoma inequívoco de que hemos llegado a España... Susana comienza a reprochárselo, pues a ella le dijeron hace unas semanas que más de 30 euros sería un robo y así se lo hace saber al taxista, pero ni tenemos tiempo ni ganas de discutir, así que le soltamos los euros y le despedimos con un "que tenga Ud. un buen día" que esperamos suene a otra cosa mientras nos dirigimos a la zona de cambio de billetes.

En la ventanilla de "Salida inmediata" me cambian los billetes. El chico me indica que aunque vamos algo justos de tiempo no vamos a tener problema en coger el tren y que además tenemos suerte: el resto de trenes con dirección a Alicante para hoy van llenos. No hay billetes. ¡Claro! ¡Si mañana es Jueves Santo!

Pago con la tarjeta el importe del cambio de billetes y corro con Susana hacia el control de acceso. La guardia de seguridad nos detiene y nos indica que sólo tenemos un billete. ¿¿¿COMOOOOO??? Pues sí. El chico de la ventanilla se ha equivocado y sólo ha cambiado un billete. Salgo disparado corriendo a lo Carl Lewis mientras pienso que como perdamos este tren y haya vendido los billetes del de las 9:20 nos quedamos en Madrid y pueden rodar cabezas. Llego a la ventanilla, se lo explico, me ofrece mil excusas mientras me hace el cambio, pago y salgo de nuevo corriendo sin mirar siquiera el vagón asignado o si viajamos juntos o no. Pasamos el control deprisa y corriendo y accedemos al fin al andén.

El tren está a punto de salir, así que aunque no hemos llegado a nuestro vagón (que por cierto nos ha puesto separados... vagones uno y tres...), nos subimos por miedo a que el tren se nos escape. Es subir y cerrarse las puertas. ¡Menos mal!

Arrastramos las maletas, el carro y a LY hasta el vagón restaurante donde tomamos algo de aliento... Estoy sin resuello y seguramente con un subidón de tensión tremendo, por culpa del estrés que nos ha generado el inútil de la ventanilla de venta de billetes. Spain is different. Realmente añoro la eficiencia china para estas cosas...

Cuando pasa el revisor le explicamos lo ocurrido y si sería posible viajar juntos. Comienza poniendo una cara de fastidio, pero cuando le contamos toda la peripecia se apiada de nosotros y nos proporciona asientos contiguos en el siguiente vagón. Y encima, mientras esperamos, aparece O. sonriente... ¡Viajamos en el mismo tren! ¡Qué alegría! Se ofrece a ayudarnos a llevar las maletas hasta nuestro vagón mientras le contamos toda la historia. Él casi pierde el tren pese a haber salido bastante antes que nosotros del aeropuerto, así que no se explica cómo hemos conseguido cogerlo. En cualquier caso, charlamos un rato con él y quedamos para hablar un ratillo después, cuando nos hayamos serenado de la subida de adrenalina...

El viaje en tren es fantástico y se nos hace hasta corto. ¡Normal, después de doce horas y media de vuelo! LY lo lleva estupendamente y está con cara curiosidad, esperando la llegada a casa:


Durante el trayecto charlamos con O. y nos intercambiamos las direcciones de correo electrónico. Me da una tarjeta de visita suya, de otra empresa que tiene creada en Alicante (¡y ya son cinco! Desde luego este chico no pierde el tiempo...) y nos despedimos esperando volver a vernos en el futuro.

Hablamos con la familia, mandamos whatsapps a los amigos... ¡estamos llegando! Tenemos preparada la bandera de China que le regalaron a LY en Tian'anmen para que se la reconozca al bajar del tren. ¡Cuántas emociones acumuladas! Las ganas por reencontrarnos con familia y amigos son enormes...

El tren llega finalmente a Alicante y podemos ver por las ventanillas a las abuelas buscándonos desesperadamente. Intentamos hacer que nos vean, pero los cristales deben ser ahumados y no se ve nada desde el exterior, así que pasamos de las maletas, de las bolsas y del carrito y decidimos que este es el momento de la familia. Nos vamos los tres a la puerta del tren y... allí están. Lo primero que vemos aparte de las abuelas es a parte de nuestra familia del corazón que ha venido con una pancarta enorme a recibirnos:

 
Las abuelas se vuelven locas con la nena: no pueden dejar de llorar y de comérsela a besos:





 
Han venido a recibirnos todos los que han podido (pensando encima que es un día laborable a media mañana...). ¡Si ha habido gente que incluso se ha "escapado" del trabajo en el rato del almuerzo o dejando reuniones a medias! Gracias, gracias a todos por este maravilloso recibimiento:





Nuestras caras son ya de felicidad plena, de tranquilidad, de relax. Atrás han quedado las tensiones, la espera, las dudas, la incertidumbre. Hemos llegado a casa con nuestra peque, que además es un bombón y se lanza a los brazos de todo el mundo, haciendo las delicias de nuestra familia y amigos. Intentamos estar con todos a la vez y es imposible, pero les emplazamos a todos para irnos viendo durante los próximos días. Ahora necesitamos descansar y adaptarnos al nuevo ritmo, que hemos atravesado siete husos horarios y esto nos va a pasar factura a todos, pero en especial a la peque.


 
Nuestro viaje concluye aquí, pero no la aventura de ser padres, que no ha hecho más que comenzar. Este diario de viaje da paso a nuevas entradas con nuestro nuevo día a día, nuestras experiencias tras la adopción. No queremos quedarnos solo en el preadoptivo, en la espera o en el viaje. Sabemos que hay muchas familias al otro lado que quieren saber qué ocurre después, qué pasa cuando ya está la peque en casa, qué ocurre en nuestras vidas y qué se siente. Intentaremos dar respuesta a todas esas cuestiones en próximas entradas. Tenemos una deuda pendiente con todos los que nos habéis estado apoyando durante este proceso y no podemos fallaros ahora, así que con la frecuencia que LY nos permita iremos contándoos las cosas que nos vengan a la cabeza sobre o que viene después, lo prometemos. Solo nos queda ya agradeceros de corazón a todos vuestro apoyo. A los que estuvisteis despidiéndonos el día que partimos hacia Madrid, a los que nos recibisteis el día de vuelta, a los que no pudisteis venir ninguno de los dos días porque trabajabais pero estabais con nosotros de corazón y a los que nos leéis y nos habéis dejado comentarios de apoyo de cuando en cuando. A todos vosotros, nuestra familia -tanto biológica como del corazón- MIL GRACIAS. Os queremos muchísimo y sin vuestro apoyo el proceso hubiera sido aún más duro de lo que ya lo ha sido. Nunca podremos devolveros todo lo que nos habéis ofrecido con el mayor cariño del mundo. Sois fantásticos. Gracias por hacer que LY esté hoy durmiendo en casa a nuestro lado con su cara dulce y tierna. Gracias por hacer nuestro sueño realidad y acompañarnos durante el mismo. Gracias. La cuna ya no está vacía. Somos, al fin, padres.

31 de marzo de 2013

Día 12. 25 de Marzo. Visado para LY y visita a Tian’anmen.

Esta mañana ha comenzado algo diferente a las demás. Por primera vez durante estos días me he separado a la hora del desayuno de Susana y LY para acercarme con nuestra guía de adopción a tramitar la solicitud del visado para la salida de China y entrada en España de LY.

Me he sentido muy raro yendo sólo en el autobús. Durante los tres cuartos de hora que ha durado la escapada he echado mucho de menos a mis tesoros... En fin, por suerte ha sido poco tiempo.

Una vez realizados los trámites consulares, la guía se ha marchado con la otra familia a hacer una excursión programada al Palacio de Verano, residencia estival del Emperador. Nosotros tenemos otros planes: si LY se encuentra bien, nos acercaremos con un taxi a Tian'anmen. Allí puede que nos encontremos con nuestra amiga murciana S. y su encantadora guía y quizás les acompañemos un ratito...

Tras recoger a Susana y a LY en el hotel, pedimos un taxi en recepción y le explicamos al botones que queremos ir a Tian'anmen para que se lo diga al taxista. Dicho y hecho. En menos de dos euros y medio estamos plantados en el acceso al recinto de la Ciudad Prohibida que está frente a la plaza de Tian'anmen, con su monumento a Mao Zedong:


 


Los guardias del Partido que hay a la entrada mantienen un aspecto serio que verdaderamente impone, pero este halo de seriedad se pierde en parte al acceder al recinto, con cientos de vendedores ambulantes con mil cachivaches a la venta: desde sombreritos ridículos hasta libros de recuerdo de Tian'anmen y la Ciudad Prohibida. Te persiguen en cuanto te ven extranjero con ánimo de adelantarse al resto de sus competidores y conseguir ser ellos los que te vendan la baratija... Un poco agobiante, la verdad. Menos mal que el "bù shi, xiexie" (no, gracias) dicho serio acaba funcionando en la mayoría de los casos y te dejan en paz.

Remoloneamos un poco por el recinto al cual hemos accedido y compramos algún recuerdo en uno de los puestos ambulantes (regateando, cómo no, hasta que en un perfecto inglés me suelta que le estoy "ofendiendo" con lo que le ofrezco...) hasta que de repente nos llama la atención una pequeña aglomeración de gente alrededor de algo parecido a una pista de deporte. Nos acercamos con curiosidad y observamos que se está produciendo el cambio de guardia. El grupo de militares salientes ha dejado sus zapatos y botas perfectamente alineados en una zona concreta (en la foto frente a la caseta roja, a su izquierda) y realizan la maniobra de salida de forma sincronizada y con aire marcial:





Mientras sacamos unas fotos y videos de este acto militar, una ancianita se acerca a LY y le hace entrega de una banderita de plástico con la bandera china, marchándose inmediatamente sin mediar palabra. Desconocemos el motivo por el cual lo ha hecho, pero nos genera algo de inquietud: podría tratarse únicamente de que la nena le ha caído en gracia y le ha regalado la banderita o bien, pensando mal, podrían estar marcándonos para gente menos bienintencionada como "turistas atracables"... En fin, que nos genera un cierto nerviosismo y durante unos minutos nos quedamos indecisos cerca del puesto de guardia hasta decidir si nos marchamos o seguimos la visita. Finalmente y vista la cantidad de guardia que ronda el lugar, decidimos continuar el tour pero llevando especial cuidado y atención a LY y a nuestras pertenencias...

Unos metros más adelante hay un cartel con un plano de Tian'anmen que nos sirve para ubicarnos:

 
Según el plano, hemos entrado cruzando el Golden Bridge para salvar el foso que protege la Ciudad Prohibida. Tras pasar por la puerta de Tian'anmen (donde estaba la imagen de Mao del principio), hemos accedido a Duanmen, donde hemos visto el cambio de guardia. Por tanto, frente a nosotros debe estar la entrada a la Ciudad Prohibida. Bueno, pues ya que estamos aquí, vamos a verla ¿no?

Nos acercamos hasta una verja metálica que nos impide el acceso a la puerta de entrada de la Ciudad Prohibida. En esta verja hay un cartel que reza "Abierto todos los días del año" y un horario:

 
Estamos dentro del horario, pero la zona de compra de tickets se encuentra cerrada, la verja que nos impide el paso instalada y no hay nadie entrando o saliendo por la puerta... ¡Qué raro! Vemos a una chica joven preguntando a un señor de mantenimiento y, como suponemos que está haciéndose la misma pregunta que nosotros, la interrogamos por el tema. Con cara algo tristona nos indica que hoy es festivo aquí y que por tanto está cerrado. ¡Pues vaya con el abierto "todos los días del año"! Esto es como un 24 horas que cierra por las noches... En fin, nos conformaremos con sacarnos unas fotos de recuerdo frente a la puerta de acceso:


 
Decidimos que ya no hay mucho más para ver por aquí (y que seguimos algo inquietos con el tema de la banderita, que Susana se había planteado hasta tirarla a la basura hasta que la he hecho notar que podría ser de muy mala educación y sentarles muy mal que extranjeros arrojen su bandera a la papelera...), así que nos dirigimos al exterior para visitar la ignominiosa Plaza de Tian'anmen, que está cruzando la avenida por la que hemos entrado.

Al salir, vemos más guardias del régimen haciendo una especie de "prácticas" con novatos o aspirantes a guardias, desfilando entre la gente marcando el paso:


Cruzamos la avenida por un paso subterráneo (con más gente vendiendo recuerdos en él), pasamos un control de seguridad y detector de metales y, por fin, accedemos a la plaza. No hay nada especial para ver en ella: la bandera nacional China ondea a la entrada, presidiendo la misma frente al "Monumento a los Héroes del Pueblo" (que no sabemos si se refieren a los manifestantes que murieron o a los militares que reprimieron la revuelta) y con el Mausoleo de Mao Zedong al fondo.

La plaza no nos llama especialmente la atención salvo por su inmenso tamaño y los hechos acaecidos en ella no nos generan tranquilidad alguna. Es una sensación parecida a la que vivimos en el bunker de Hitler en nuestro viaje por Polonia, una sensación algo asfixiante de sucesos horrendos del pasado, por lo que decidimos que no es el mejor lugar para estar con nuestra hija.

Abandonamos la plaza por un lateral, compramos unos cuantos recuerdos para familia y amigos en tiendas ubicadas frente a la plaza y nos encaminamos decididos a coger un taxi para regresar al hotel. No hemos podido ver a nuestra amiga S. porque tenían un horario concreto de visita y además sigue encontrándose mal, así que dejamos nuestro encuentro para otro momento.

Ya en el hotel comemos algo y, tras mandar unos mensajes, nos echamos la siesta. Por hoy hemos tenido suficientes emociones, así que cuando nos levantamos jugamos un rato con LY y acabamos el día cenando algo de comida basura del McDonalds, deseando llegar a España para comer un buen hervido o tortilla de patatas. Ya queda menos. Mañana, último día en China. ¡Qué ganas de volver de esta gran aventura!

29 de marzo de 2013

Día 11. 24 de Marzo. La Gran Muralla


Hoy toca visita a la Gran Muralla. Realmente tenemos mucha curiosidad por visitarla, pues parece que venir a China y no verla es como ir a Granada y no visitar la Alhambra... Hemos quedado a las nueve en el hall del hotel con la otra familia y nuestra guía para ir en un minibús hasta el paso que queremos visitar, a unos 60 Km de Beijing.
Salimos bastante puntuales y nos encaminamos a nuestra parada “obligatoria” de camino a la Gran Muralla: un taller donde se nos muestra cómo es el cultivo de las perlas de ostras de agua dulce, se puede ver a diferentes trabajadoras engarzándolas y hay un montón de mostradores con collares, pendientes, pulseras y joyas de todo tipo con perlas:


Nuestra guía está obligada a detenerse allí cada vez que hace la visita a la Gran Muralla, pues el partido se lo exige a las agencias de viajes. Parada mínima dentro de la tienda de quince minutos para que le sellen un cupón que acreditará ante la agencia de viajes que ha hecho los deberes con nosotros, intentando que compremos y consumamos en las tiendas del régimen… Cosas del comunismo.
Tras nuestra “visita” al taller, seguimos viaje hasta el paso de la Gran Muralla que vamos a visitar. La montaña aparece nevada en las zonas de umbría y la guía nos comenta que el pasado 16 de Marzo nevó en Beijing y que aún hay zonas en las que la nieve aguanta. Me temo que va a hacer fresquito, jejeje…
Llegamos con el autobús a nuestro destino y al bajar ya podemos intuir la magnitud de esta obra colosal. Más de ocho mil kilómetros de muralla a todo lo largo y ancho de China gracias al esfuerzo de muchísimos esclavos y reos que se dejaron la vida intentando terminarla en un empeño de talla faraónica.
Con los pelos como escarpias, nos acercamos a la entrada. Pasamos por el detector de metales y rayos X (aquí son ya casi tan comunes como los McDonalds) y accedemos por fin a la puerta principal de entrada:
Una vez atravesamos la puerta vemos dos accesos con carteles que lanzan en chino y en inglés dos advertencias: “Entrance to climb the Great Wall” (entrada para “escalar” la Gran Muralla) y “If you have heart or brain disease, please climb the Great Wall according to your capabilities” (si Ud.tiene algún problema cerebral o de corazón, por favor, escale la Gran Muralla de acuerdo a sus capacidades). Vamos, que la subida debe ser de aúpa, ¿no creéis? Pues efectivamente: la pendiente y el desgaste de los escalones de la muralla, horadados durante milenios, dan verdadero pánico:

La guía, durante el trayecto, nos había comentado que Mao Zedong dijo "Quien no ha subido a la Gran Muralla no es un hombre de verdad". Lo bueno del asunto es que no indicó la altura a la que había que subir, así que… En cualquier caso, si me tengo que quedar en “medio gallina” no me importa, pero yo no subo ahí arriba ni de lejos:
 Nos sacamos unas cuantas fotos en la plataforma de acceso desde donde obtenemos una vista de los diferentes pasos y la subida a la montaña. El espectáculo es grandioso, pero no apto para gente de peso superior al pluma y con una niña a cuestas:

Decidimos subir un tramo únicamente, para que no se diga. Cuando pasamos a la zona llana del tramo, descubrimos los restos de otra curiosidad que nos contó la guía de camino: A las nueve de la noche de septiembre de 1999, se casaron a la vez mil parejas en esta muralla, cerrando otros tantos candados sobre los barrotes de los pasamanos y arrojando sus llaves a la montaña. Por un lado, el 9 simboliza para ellos el mayor número posible (por encima de él ya son combinaciones de números en los que el mayor de ellos siempre será el 9), por lo que hacerlo en la hora 9 del mes 9 del 99 era muy especial. Por otro lado, al cerrar los candados y arrojar las llaves simbolizaban que su amor sería irrompible, pues para poder separarse tendrían que encontrar la llave que abría su candado, lo que evidentemente sería imposible. Aquí vemos uno de ellos de muestra:
Cuando alcanzamos el paso que nos habíamos marcado como objetivo nos damos cuenta de que seguir ascendiendo es absurdo. Por un lado hace viento y es un viento frío de mil demonios por culpa de la nieve de la montaña. Esto a LY no le viene nada bien para su catarro (¡ni a nosotros!). Por otro, bajar con una niña en una bandolera es peligroso, pues los escalones son irregulares y están muy desgastados. Además, nos encontramos de forma casual con nuestra querida amiga S. y su guía. Ya han llegado también a Beijing y nos juntamos un ratito. Ella lo está pasando mal estos días por culpa de fiebres y catarros varios, así que no la conviene tampoco estar aquí mucho rato.
Descendemos juntos hacia la zona de compras mientras charlamos animadamente y quedamos en intentar vernos estos días en Beijing. Nos despedimos y mientras ella se vuelve con su guía nosotros nos quedamos revisando los diferentes puestos para turistas que hay en la zona de tiendas. Sí, lo sabemos, son para “guiris”, pero… ¡estamos en la Gran Muralla! Si no lo compramos aquí, ¿dónde lo vamos a comprar?
En estas estamos cuando de repente nos llama muchísimo la atención un artista (no tiene otro nombre) que realiza grabados con la técnica del puntillismo sobre granito. Lo habíamos visto hecho con ordenador y láser, pero este hombre… ¡lo hace a mano! Un pequeño cincel y un martillo es todo lo que necesita. Además, tiene un gran don de gentes, habla inglés y chapurrea el español. Cuando encima ve nuestros esfuerzos por hablar en chino se crea un feeling especial y nos entendemos a la perfección. Echamos un vistazo a sus obras, elegimos un par de ellas que nos han encantado y, tras regatear amistosamente, nos inscribe los nombres que le pedimos, la fecha de hoy y su firma particular en las piedras:
No tenemos ni idea de cómo vamos a llevar esto sin que se nos rompa porque además de frágil pesa una barbaridad, pero creo que merece la pena intentarlo…
Por fin, tras grabarle en video mientras esculpe los nombres en la piedra y sacarnos unas fotos con él, seguimos avanzando en la zona de tiendas en dirección a la salida.
Antes de terminar nuestra visita, nos detenemos en un pequeño templo que está ubicado a la entrada y que nos había llamado la atención. Se trata de un templo taoísta donde tienen un gran incensario a la entrada y un chico joven espera a los visitantes:

Algunos dirán que se trata de un “sacadineros” más de este gran negocio y realmente podría ser así, pero el chico que hay a la entrada habla inglés a la perfección y transmite una gran paz durante nuestra charla, así que nos dejamos llevar a ver qué pasa. Nos cuenta que, según sus creencias, realizan plegarias para proteger a seres queridos o sanar a personas enfermas. Nos invita a pasar al interior del templo y hablar con su maestro que se encuentra en un lateral del pequeño edificio. Nos miramos y decidimos entrar y conocerle.
El maestro se encuentra en una zona austera, en un lateral del templo. También transmite muchísima paz interior al hablar, pues habla con una voz queda y calmada. Aunque habla algo de inglés, su alumno nos va traduciendo lo que nos dice o nos pregunta. Al preguntarnos qué buscamos en el templo nos miramos. Ambos deseamos lo mismo y se lo decimos directamente: buscamos que nuestra pequeña, recién adoptada, tenga una vida larga y feliz. Ese es nuestro único deseo.
Nos pregunta por el nombre que va a tener la niña. Cuando se lo decimos y le comentamos que vamos a mantener también su nombre chino porque creemos que sus orígenes deben acompañarla siempre, que no queremos que olvide nunca quién es y de dónde viene y que respetamos su cultura y sus tradiciones se sorprenden y nos dan las gracias con una sinceridad que nos llega al alma. Nos dicen que somos buenas personas, que lo saben y que se lo transmitimos. Que rezarán diariamente por la pequeña LY durante un año entero para conseguir el favor de sus divinidades y la protección de nuestra hija.
Nos cuentan que viven de los donativos, así que es lo único que piden. Al preguntarle al alumno por la cuantía del mismo, nos piden menos de un yuan por día de plegaria. Una miseria en comparación con lo que nos ofrecen. Aceptamos y nos hacen entrega de dos cosas: una especie de colgante donde debemos inscribir el nombre de nuestra hija y su fecha de nacimiento y una bolsita en un sobre cerrado de plástico. El colgante es para dejarlo colgado en el templo donde se realizarán las plegarias. La bolsita, nos indican, debemos llevarla sin abrir hasta llegar a casa. Una vez allí, nos debemos lavar bien las manos, ir a la habitación de la nena y depositarlo cerca de la zona donde dormirá.
Nos levantamos dándole las gracias de forma reverencial al maestro y me indican que he de arrodillarme frente a la estatua de su divinidad a rezar. Me dicen que debo pedir en ese momento aquello que deseo para nuestra hija, la protección y la felicidad en su vida. Me arrodillo, cierro los ojos y mientras realizo mis peticiones suena tres veces el repique en un cuenco de metal. La paz mientras escucho los ecos de cada golpe en el cuenco inunda mi cuerpo, relajándome. Es una sensación nueva, profunda. Puede que sea la sugestión, el sitio, el momento emocional… no lo sé, pero salgo de allí casi lloroso y feliz de haber entrado. El alumno nos acompaña hasta la salida y se despide amigablemente de nosotros, diciéndonos que estará muy contento el día que nos vuelva a ver en el futuro, siendo él ya mayor y habiendo crecido nuestra hija feliz con nosotros. Mientras tanto, nos despide con una reverencia y el deseo de que tengamos un buen viaje de vuelta a nuestro país. Una experiencia realmente espectacular.
Regresamos a nuestro autobús felices, con nuestros regalos bajo el brazo, inundados de cultura china y de paz. Quizás nuestros improvisados compañeros de viaje no entiendan el motivo, pero nosotros lo sabemos y nos apretamos las manos mientras dejamos la Gran Muralla. Al final, ha resultado ser una visita muy bonita e intensa. Una experiencia altamente recomendable.
De aquí nos llevan a comer (tenemos la comida en un buffet cercano incluida en la excursión). El buffet, en realidad, es otra tienda del partido “camuflada”: para llegar hasta la zona de comer hay que atravesar un taller de artesanía donde se realizan jarrones chinos tradicionales y una zona posterior donde se venden de todos los tamaños, formas y colores. La comida, como era de esperar, bastante cutre. Pero a estas alturas ya no somos remilgados y comemos aquello que tiene un aspecto decente hasta calmar el hambre…
Volvemos al hotel en un viaje realmente insufrible: casi hora y media de autobús conduciendo al estilo chino (es decir, en plan suicida esquivando obstáculos) y pegando frenazos y acelerones en el atasco a la entrada a la ciudad de Beijing. Pese a todo sigue habiendo merecido la pena.
Nos echamos la siesta con LY en nuestra habitación y al despertarnos ya es de noche. Pensamos que podría venirnos bien volver a tomar algo de comida “occidental”, así que decido acercarme a un Pizza Hut. La guía nos había comentado por la mañana que cerca de nuestro hotel había uno, así que dicho y hecho. Bajo a recepción, pregunto en inglés por la localización del restaurante y, tras unas breves indicaciones y apuntarme el nombre de la calle donde se encuentra en una tarjeta del hotel (por si me pierdo), me dirijo hacia la zona indicada con paso decidido.
Voy caminando por una calle bastante ancha donde habíamos visto un pequeño parque con una estructura metálica al venir con el bus. Ahora se ha convertido en un improvisado escenario para la práctica del taichí: un par de altavoces con música relajante y un grupo totalmente heterogéneo de gente practicando taichí al unísono en mitad de la calle, a las nueve de la noche y con tres o cuatro grados de temperatura. China me sigue impactando y emocionando a cada paso que doy…
Unos metros después me para una chica por la calle. Tiene aspecto de universitaria (no llegará a los 27-28 años) y habla un inglés casi perfecto. Me dice que tiene hambre y que no tiene trabajo, por lo que me estaría muy agradecida si la pudiera ayudar a cenar hoy. Me deja estupefacto, pero saco 20 yuanes de la cartera y se los entrego sin dudar. Cuando se los guarda, me da las gracias y me dice que también necesita ir a su casa. Ahí ya veo que no vamos bien y la indico que me resulta imposible ayudarla más. Su respuesta ya me hace flipar: “¿Y no hay ninguna forma de solucionarlo?”, mientras sonríe de forma pícara… ¡Creo que acabo de toparme con una prostituta ambulante! La devuelvo la sonrisa indicándola que lo siento pero resulta absolutamente imposible y se despide dándome las gracias… Os aseguro que me costó muchísimo salir de mi asombro.
El puñetero Pizza Hut no aparece y ya me he recorrido toda la avenida. Llevo más de veinte minutos andando, he visto gente vestida de todas las formas imaginables (desde una mujer vestida  de Prada hasta un chico joven con sandalias, pantalón corto y sin calcetines (¡a tres grados!), me ha parado una prostituta ambulante y he pasado delante de gente haciendo taichí en plena calle... Empiezo a pensar que todo esto es un poco locura justo en el momento en el que veo una pizzería tailandesa. “Pues mira, esto es lo que hay” pienso para mis adentros, así que me meto en el edificio con algo de recelo. La planta baja está desierta salvo un banco que está abierto 24 horas (hay un oficinista medio dormido y dos guardias de seguridad custodiándole) y unas escaleras mecánicas. Subo por ellas y llego a la entreplanta, donde veo un restaurante. Entro en él suponiendo que sería el que se anunciaba fuera (parecía estar a esta altura), pero en la carta no hay ni rastro de pizzas y no hablan inglés…
Como hay más escaleras mecánicas, sigo subiendo. ¡Bingo! En la siguiente planta está la pizzería. En ella hay mucha luz, se ve todo bastante limpio y hay gente cenando, así que no debe estar tan mal. Pido unas pizzas y me dispongo a esperar. Mientras tanto, me han servido en la mesa donde espero un vaso de una bebida efervescente de color verde fluorescente. Evidentemente, ni se me ocurre probarla, que ya llevo demasiadas emociones fuertes últimamente…
Al cabo de una media hora de espera (¡!) veo salir de la cocina a todos los camareros y cocineros con tuppers. Se sientan en las mesas de los clientes y se ponen a cenar. No puede ser. Esto no puede estar ocurriendo. No, no, no… China es un país muuuy peculiar…
Al fin, casi cuarenta minutos después de pagar, me sirven el pedido. Lo recojo y vuelvo a toda prisa al hotel, que Susana debe estar flipando por lo que estoy tardando. De vuelta me interpela otra chica con el mismo cuento que la primera. Como ya he aprendido la lección la doy las gracias y rechazo su pregunta diciéndola que ya he estado con una compañera suya hoy. Fin del problema. Definitivamente esta es una de las noches más extrañas de mi vida…
Llego al hotel y me encierro en la habitación con Susana y LY para cenar. Qué alegría ver a mis dos preciosidades al fin. Creo que no me volveré a aventurar por aquí yo solo y de noche, que al final he acabado agobiándome un poco...
Después de la cena nos acostamos, pero yo no puedo dormir. Quizás sean las emociones de la salida nocturna, quizás la Pepsi que me he bebido durante la cena, pero no consigo conciliar el sueño hasta las cinco de la mañana (y me tengo que levantar a las 7:15…). Mañana voy a estar que me caigo. En fin, menos mal que no tenemos más obligaciones que la de acompañar a la guía a primera hora al consulado a tramitar la legalización de las actas notariales de adopción. Ya quedan menos fuerzas, pero también va quedando menos tiempo para volver con nuestra gente… ¡qué ganas!