Comenzamos, bueno, mejor dicho, continuamos la aventura tras el vuelo. Una vez recogidas las maletas toca encontrarnos con nuestra guía de adopción. Salimos con S. a la puerta de la terminal y allí hay una chiquilla lindísima con cara de buena gente. Es su guía, contratada con el BLAS. Pero ni rastro de la nuestra. Jo, empezamos bien… Sí, es cierto, nuestro avión ha llegado casi con 30 minutos de adelanto con respecto a la hora estimada…pero también para el BLAS, ¿no? En fin, esperamos un rato (S. se queda con su guía con nosotros por si acabamos teniendo problemas… ¡gracias amiga!) y al fin llega nuestra guía, una mujer de edad similar a la nuestra (quizás algún año más) que aparenta ir con prisas y allí separamos, al menos hasta el regreso a Beijing, nuestros caminos con S.
Tras presentarse nos lleva a un coche con el chófer preparado para llevarnos a la estación de tren de Beijing. Por el camino nos cuenta que la niebla que estamos viendo en Beijing (inclusive dentro de la terminal del aeropuerto) es, realmente, polución. La famosa nube de contaminación que envuelve la urbe de Beijing, con veinte millones de personas habitando en ella, hace que el ambiente sea casi irrespirable. El sol asoma tímidamente como una bola naranja apagada a través suyo y le da a todo un ambiente de melancolía y tristeza tremendo.
Nosotros llevamos dormidas cinco horas en dos días, así que estamos reventados. Pero ¡ay, amigos! Aquí son las seis de la mañana, el día acaba de empezar y no tenemos tren hasta las 11:30, así que…se prepara tormenta. En el trayecto de media hora hacia la estación de tren de Beijing nos damos cuenta de dos cosas:
1. No dormir + coche + calor = mareo
2. El tráfico en China es caótico (sobre este tema hay para escribir un monográfico… ya lo haremos más adelante)
Llegamos a la estación sobre las 6:45, mareados como patos. Tenemos que pedirle a la guía que se espere unos minutos mientras tomamos aire fresco (Dios mío, qué estará pensando esta señora de nosotros…) y por fin, tras recuperarnos un poco, entramos en la estación de tren. Bueno, al menos intentamos entrar, porque primero hay que pasar control de equipajes y arco de metales. Sí, como lo oís: todo el mundo que quiere acceder a la estación debe pasar por rayos X y el arco de metales. A Susana la acaba cacheando una policía china por haber pitado en el arco y todo…
Tras acceder al fin a la estación, la guía va a comprar los billetes de tren por nosotros. Es la primera vez que veo que se necesite un pasaporte para sacar un billete de tren… China es un mundo diferente.
Amablemente nos comenta que podemos ir a pasear por la estación y tomar algo (yo creo que ha visto nuestras caras y ha pensado que necesitamos un café o dos), así que se quedará ella con las maletas y nos presta 200 yuanes (unos 25 euros) para nuestros gastos. Nos despedimos de ella y, antes de nada, vamos al aseo. Puaj. Solo digo eso, no queráis saber el resto… Para que os hagáis una idea, no había wáter. Sólo un plato de ducha con un agujero en el centro…
Tras nuestra visita a los aseos chinos nos decidimos a tomar algo calentito, para asentar los estómagos algo revueltos tras el avión y el coche. Entramos en una cafetería/tetería pretendiendo pedir algo sin tener ni idea de chino salvo leves nociones muuuuy básicas. Meeec! Error. Nadie habla inglés. Menos mal que tienen una carta de tés y podemos señalar con gestos universales y pedir dos tés verdes. Susana, pese a estar medio dormida, me advierte mientras nos vamos a nuestros asientos que cree haber visto en el precio unos 90 yuanes por té. Como me parece extraño (por lo caro) le quito importancia al tema pensando que habrá visto mal. Pues no. Estaba en lo cierto. Debemos estar en la cafetería más pija de toda la estación de tren de Beijing (de hecho está vacía) y nos soplan 180 yuanes (veintitantos euros…) por dos tazas de té caliente y sin azúcar. China 2 – España 0.
Damos un pequeño paseo para intentar que Susana se espabile y volvemos con nuestra guía, quien nos cuenta que se va a desayunar (¡la pobre! Esperándonos sin desayunar…). Al cabo de un rato vuelve y decidimos dar otro paseo, sin decirle nada de lo de los tés (para que no nos tome por más idiotas de lo que ya debemos parecerle) y sacar algo de dinero en un cajero sin tener muy claro si íbamos a poder. ¡Bendita VISA! Sacamos algo de efectivo para poder desayunar. Habíamos visto un McDonalds y un Burger King, así que pensamos en comer algo occidental. ¡Craso error una vez más! Ambos sitios tenían de todo (tallarines, fideos, arroz, sopas…) menos hamburguesas. Al final acabamos en un KFC comiendo un par de hamburguesas de pollo…¡y encima estaban picantes! ¿Dije mundos diferentes? ¡Universos diferentes!
Miramos el reloj y, tras sumar la diferencia horaria de seis horas, pensamos que es la hora de ir regresando para ir con calma a por el tren cuando de repente vemos el reloj de la estación. ¡Horror! No sabemos por qué pero ¡la diferencia no son seis sino siete horas! Corremos hacia el sitio donde está nuestra guía y la vemos arrastrando su maleta y las dos nuestras como puede hacia la puerta de acceso al andén… Vamos tardísimo y con el tiempo muy justo, pero al final conseguimos subirnos. Lástima que nos hayamos subido siete vagones más lejos de donde debemos estar y el tren ya haya arrancado… Nos toca recorrer siete vagones con las maletas a pulso (no caben de ancho por el pasillo, así que las llevamos de lado) y pidiendo disculpas a todo aquel a quién pisamos o golpeamos mientras la guía nos mira entre divertida y flipada… Joooodeeeer… vaya día…
La primera clase del tren es espectacular. Asientos de cuero, sillones que se giran 180º para ir uno frente a otro y charlar o cerrar negocios… Impresionante. Ahí ya sí que nos dormimos todos mientras el tren se dirige a 303 Km/h hacia Jinan. Antes viajaba a 350 Km/h pero tuvieron un accidente grave y decidieron que para solucionarlo, lo mejor era bajarle 47 Km/h la velocidad. ¡Vaya pedazo de solución!
Una hora y media después ya hemos recorrido los 400 Km que separan ambas ciudades, así que nos bajamos en la estación y seguimos a nuestra guía como podemos (¡lo que corre esta mujer!) hacia la salida, donde nos espera otro coche con chófer para llevarnos al hotel. Nuevo colocón y, al fin, el ansiado hotel.
Tras hacer el check-in, la guía nos acompaña para ver que todo esté en orden. Ella va a acompañarnos todos los días hasta nuestro regreso y su hotel está a cien metros del nuestro. Es la primera vez que tiene que hacer una adopción en Jinan, pero se queda alucinada al ver la habitación del hotel que hemos cogido (al no hacerlo por su agencia pensaba que habíamos cogido una porquería de hotel… nada más lejos de la realidad).
Por fin todo en orden, deshacemos las maletas. Estamos hechos polvo y mañana, según nos ha dicho S. (nuestra guía), conoceremos a la peque a eso de las 15:30 hora local. Estamos a menos de 24 h. de ti. Un escalofrío me recorre sólo de pensarlo, pero no queremos idealizar el encuentro, así que lo mejor sería dormir y descansar, pero queremos adaptarnos lo antes posible al cambio horario y minimizar el jet-lag (Javi ya nos dio consejos al respecto), por lo que decidimos acercarnos a un Carrefour que hemos visto cerquita del hotel a comprar algo…
Carrefour chino. Ambas palabras juntas en una frase ya suenan de por sí raras, pero entrar en uno es una experiencia mística… Es como estar en un supermercado chino en Alicante pero de la extensión de un Carrefour. Alucinante. Reconocer mínimamente algo es misión imposible. Incluso leyendo los carteles que hay debajo con una breve descripción en inglés. Las cosas más raras que nos hayamos podido imaginar se agolpan en estanterías hasta llegar a la sección de pescado fresco, con múltiples peceras llenas de pescado y crustáceos vivos. Otra zona de comidas “preparadas” donde hay varios chefs chinos haciendo platos rarísimos, especias y arroz a granel en cubos enormes de madera de más de un metro cúbico de capacidad (¡parecían parques de bolas para pulgas!)… y mientras tanto una megafonía machacona y altísima lanzando spots publicitarios ininteligibles. Además todo está lleno de colores chillones y de carteles luminosos… Una experiencia no apta para corazones débiles.
Salimos de allí con unas galletas idénticas a las que vimos en una foto del orfanato, un sobre y un tetrabrik de leche de la misma marca que lo que vimos en otra foto y algo de agua mineral (que la guía nos ha advertido de que el agua del hotel –y en general la de toda la ciudad- no es potable…). Por cierto, el capítulo de aguas merece un especial apartado: las hay minerales, minerales “depuradas”, no minerales, destiladas, depuradas y así una completa clasificación que estoy casi convencido acaba en aguas de cloaca y similares. China is different.
Finalmente, llegamos de nuevo al hotel y nos acostamos, destrozados tras casi tres días sin dormir y con la ilusión en nuestros corazones del encuentro de mañana. A las 10:30 hemos quedado con la guía para ir a comprar un carrito y algunas cosas de primera necesidad y a las 15:30… nuestra peque nos espera. ¡Dulces sueños, LY! Esta es tu última noche como una hija que espera y la nuestra como unos padres que esperan. Al fin.
23 de marzo de 2013
Día 2. 15 de Marzo. Madrid - Beijing. El poder del amor
Tras dormir poco más de cuatro horas en el hotel, nos levantamos y bajamos a desayunar algo nerviosos. El día promete: hoy toca nuestro vuelo a Beijing, el vuelo más largo y ansiado de nuestra vida. Huelga decir que tanto Susana como yo tenemos pánico a volar (y si no, véase nuestro blog del viaje a Polonia…), así que sabemos que hoy nos enfrentamos cara a cara a uno de nuestros grandes miedos. ¡A ver quién puede más!
Un desayuno frugal en el hotel (no vaya a ser que se nos ponga mala la tripita ahora, que sería un momento genial…) y a coger la lanzadera gratuita de la que dispone el hotel para ir a la T1 de Barajas. Anoche descubrimos que el bolso cuenta como equipaje de mano, por lo que hemos metido todo lo que se podía meter en una de las maletas y el resto en el equipaje de mano, reorganizándolo todo y pasándonos en más de 2 Kg de peso en una de las maletas. Los problemas de las prisas de última hora, pero en fin. Pagaremos y punto…
A las 8:15 de la mañana nos plantamos en la T1 y, tras buscar en los paneles de información el número de mostradores de Air China para facturar maletas y obtener tarjeta de embarque, nos dirigimos al punto donde se está ya comenzando a hacer cola. He aquí nuestras caritas, mezcla de alegría y nerviosismo:
En la cola de embarque conocemos por primera vez a una inesperada compañera de viaje con la que acabamos entablando amistad, nuestra querida S. que va también a por su peque. He dicho inesperada aunque realmente no debería sorprendernos: ya nos habían comentado que había otra familia, monoparental, que iba en el mismo vuelo que nosotros. Está tan ilusionada y nerviosa como nosotros, y como siempre es agradable no estar solo en una situación desconocida, así que nos pegamos como lapas desde ese instante.
Al cabo de un rato, la ventanilla abre y una amable señorita nos factura las maletas haciendo caso omiso de los 2 kg de sobrepeso y del exceso de tamaño de las mismas (¡¡300$ ahorrados!! Gracias, amable señorita, sea Ud. quien sea… ojalá tenga un maravilloso día). Tras revisar nuestros pasaportes, visados y billetes en papel nos dan las tarjetas de embarque. ¡Ya las tenemos!:
Sin quererlo demorar más, nos vamos los tres juntos hacia la zona de acceso a las puertas de embarque. Control de líquidos y dispositivos electrónicos (cacheo incluido a Susana por pitar en el arco de metales) y, de ahí, control de pasaportes y visado (de nuevo) en la zona de vuelos internacionales.
A las 10:45 en punto, embarcamos. Esta vez, a diferencia del viaje a Polonia, no estoy “atacado” de los nervios. Para ser sincero, algo de cosquilleo sí que tengo en el estómago, pero hay algo superior a todo, algo que se sobrepone a lo que sea. Vamos a por nuestra hija y la fuerza de ese amor no conoce límites, así que subimos como campeones al avión, nos aposentamos en nuestros asientos de Barbie china (es decir, talla XXS) y esperamos pacientemente a que el avión comience a rodar por la pista para romper a llorar de nuevo como niños. Lo hemos logrado. Nos vamos a por LY.
El despegue, limpio y sin problema alguno. Una vez arriba (a 39.000 pies del suelo, algo más de 11.000 metros y volando a cerca de 1.000 km/h) empieza la fiesta: camareras chinas de talla “Zara niños” van pasando con sus carritos por el pasillo (de la misma talla, por cierto) y nos van trayendo de forma reiterada bebida y comida. Aquí hago mis primeros pinitos con el chino: pudiendo pedir “cold wáter” como todo hijo de vecino, se me ocurre pedir “bing shuí” (agua fría) para ambos. La chica asiente obedientemente y acabamos con un hermoso té caliente y sin azúcar entre nuestras manos. Empezamos bien, pienso para mis adentros, aunque debo también confirmaros que se dice así (pronunciado “ping shuei”) y que la siguiente vez lo entendió perfectamente, jijiji
Las horas van pasando lentamente mientras nosotros hacemos nuestro pequeño ritual aeronáutico para viajes de más de 30 minutos: ejercicios de manos, tobillos, pies, piernas y espalda para evitar el síndrome de la clase turista mientras jugamos a la consola, vemos una peli de José Mota (“La chispa de la vida”, la única del catálogo en español, por cierto…) y nos damos paseos por el avión (de lado, no como los chinos que van de frente porque cabrían hasta dos de ellos a lo ancho) para ir hasta la cola y encontrarnos allí con S. (que va dos filas delante de nosotros) y charrar de cuando en cuando.
Quitando unas pequeñas turbulencias de no más de 30 minutos de duración a la altura de Moscú, el viaje transcurre con normalidad. Eso sí: las horas se hacen interminables. No podemos dormir (por el cosquilleo del estómago, que sigue ahí, por los asientos de la “señorita pepis” y por la excitación ante el viaje que estamos marcándonos y lo que se avecina), así que seguro que acabamos con un jet-lag de-que-te-cagas…
A las 22:30 hora española acabamos viendo la ansiada pantalla en nuestros monitores:
¡Estamos a punto de lograrlo! Sólo queda la segunda parte peligrosa del viaje el aterri… ¡leches! ¡si ya hemos aterrizado, casi sin enterarnos! Lo que oís: un aterrizaje suavísimo en el cuarto nivel del aeropuerto de Beijing. Cuarto nivel porque tiene plataformas de aterrizaje a cuatro alturas diferentes, con autopistas que pasan por debajo y demás… Impresionante donde lo haya, oiga…
Desembarcamos, nuevo control de pasaportes, fotografía de entrada en el país hecha en el acto y documentación de dónde vamos, cuándo volvemos y dónde nos alojamos entregada (que digo yo que para eso podrían ponernos una cámara en salva sea la zona y se ahorraban el curro, pero en fin…). Todo Beijing está envuelto en lo que parece una densa niebla que luego, según nos cuentan, es la mezcla de la niebla con la contaminación de una ciudad de 20 millones de habitantes. ¡Hasta dentro de la terminal del aeropuerto hay niebla!
Vemos pasar un batallón de limpieza uniformado y casi diríase que marcando el paso en plan marcial, mocho de fregar en ristre. Sacaríamos la cámara para grabarlo si no fuera porque sospechamos que, en el mejor de los casos, nos deportarían por tan grave ofensa a la patria y al partido…
Ahora sólo queda recoger las maletas. ¿Pero dónde? Seguimos constantemente los carteles hasta que llegamos a un andén. Sí, sí, un andén. Cada tres minutos pasa un trenecito que te acerca hasta la zona de recogida de equipaje. Un viaje de 8 minutos para alucinar, ¡¡¿¿Pero qué tamaño tiene esta terminal??!!
Al final conseguimos recoger nuestras maletas a las 23:30 hora española, por lo que, por ahora, ha salido todo bien. Siguiente paso: viajar a Jinan… pero eso será el día 3 (vaaale, realmente es justo a continuación de la recogida de las maletas, pero es que, con el cambio de huso horario… ya estamos en el día 3 y ¡se merece una entrada en el blog para él solito!). Hasta el día 3 pues.
Un desayuno frugal en el hotel (no vaya a ser que se nos ponga mala la tripita ahora, que sería un momento genial…) y a coger la lanzadera gratuita de la que dispone el hotel para ir a la T1 de Barajas. Anoche descubrimos que el bolso cuenta como equipaje de mano, por lo que hemos metido todo lo que se podía meter en una de las maletas y el resto en el equipaje de mano, reorganizándolo todo y pasándonos en más de 2 Kg de peso en una de las maletas. Los problemas de las prisas de última hora, pero en fin. Pagaremos y punto…
A las 8:15 de la mañana nos plantamos en la T1 y, tras buscar en los paneles de información el número de mostradores de Air China para facturar maletas y obtener tarjeta de embarque, nos dirigimos al punto donde se está ya comenzando a hacer cola. He aquí nuestras caritas, mezcla de alegría y nerviosismo:
En la cola de embarque conocemos por primera vez a una inesperada compañera de viaje con la que acabamos entablando amistad, nuestra querida S. que va también a por su peque. He dicho inesperada aunque realmente no debería sorprendernos: ya nos habían comentado que había otra familia, monoparental, que iba en el mismo vuelo que nosotros. Está tan ilusionada y nerviosa como nosotros, y como siempre es agradable no estar solo en una situación desconocida, así que nos pegamos como lapas desde ese instante.
Al cabo de un rato, la ventanilla abre y una amable señorita nos factura las maletas haciendo caso omiso de los 2 kg de sobrepeso y del exceso de tamaño de las mismas (¡¡300$ ahorrados!! Gracias, amable señorita, sea Ud. quien sea… ojalá tenga un maravilloso día). Tras revisar nuestros pasaportes, visados y billetes en papel nos dan las tarjetas de embarque. ¡Ya las tenemos!:
Sin quererlo demorar más, nos vamos los tres juntos hacia la zona de acceso a las puertas de embarque. Control de líquidos y dispositivos electrónicos (cacheo incluido a Susana por pitar en el arco de metales) y, de ahí, control de pasaportes y visado (de nuevo) en la zona de vuelos internacionales.
A las 10:45 en punto, embarcamos. Esta vez, a diferencia del viaje a Polonia, no estoy “atacado” de los nervios. Para ser sincero, algo de cosquilleo sí que tengo en el estómago, pero hay algo superior a todo, algo que se sobrepone a lo que sea. Vamos a por nuestra hija y la fuerza de ese amor no conoce límites, así que subimos como campeones al avión, nos aposentamos en nuestros asientos de Barbie china (es decir, talla XXS) y esperamos pacientemente a que el avión comience a rodar por la pista para romper a llorar de nuevo como niños. Lo hemos logrado. Nos vamos a por LY.
El despegue, limpio y sin problema alguno. Una vez arriba (a 39.000 pies del suelo, algo más de 11.000 metros y volando a cerca de 1.000 km/h) empieza la fiesta: camareras chinas de talla “Zara niños” van pasando con sus carritos por el pasillo (de la misma talla, por cierto) y nos van trayendo de forma reiterada bebida y comida. Aquí hago mis primeros pinitos con el chino: pudiendo pedir “cold wáter” como todo hijo de vecino, se me ocurre pedir “bing shuí” (agua fría) para ambos. La chica asiente obedientemente y acabamos con un hermoso té caliente y sin azúcar entre nuestras manos. Empezamos bien, pienso para mis adentros, aunque debo también confirmaros que se dice así (pronunciado “ping shuei”) y que la siguiente vez lo entendió perfectamente, jijiji
Las horas van pasando lentamente mientras nosotros hacemos nuestro pequeño ritual aeronáutico para viajes de más de 30 minutos: ejercicios de manos, tobillos, pies, piernas y espalda para evitar el síndrome de la clase turista mientras jugamos a la consola, vemos una peli de José Mota (“La chispa de la vida”, la única del catálogo en español, por cierto…) y nos damos paseos por el avión (de lado, no como los chinos que van de frente porque cabrían hasta dos de ellos a lo ancho) para ir hasta la cola y encontrarnos allí con S. (que va dos filas delante de nosotros) y charrar de cuando en cuando.
Quitando unas pequeñas turbulencias de no más de 30 minutos de duración a la altura de Moscú, el viaje transcurre con normalidad. Eso sí: las horas se hacen interminables. No podemos dormir (por el cosquilleo del estómago, que sigue ahí, por los asientos de la “señorita pepis” y por la excitación ante el viaje que estamos marcándonos y lo que se avecina), así que seguro que acabamos con un jet-lag de-que-te-cagas…
A las 22:30 hora española acabamos viendo la ansiada pantalla en nuestros monitores:
¡Estamos a punto de lograrlo! Sólo queda la segunda parte peligrosa del viaje el aterri… ¡leches! ¡si ya hemos aterrizado, casi sin enterarnos! Lo que oís: un aterrizaje suavísimo en el cuarto nivel del aeropuerto de Beijing. Cuarto nivel porque tiene plataformas de aterrizaje a cuatro alturas diferentes, con autopistas que pasan por debajo y demás… Impresionante donde lo haya, oiga…
Desembarcamos, nuevo control de pasaportes, fotografía de entrada en el país hecha en el acto y documentación de dónde vamos, cuándo volvemos y dónde nos alojamos entregada (que digo yo que para eso podrían ponernos una cámara en salva sea la zona y se ahorraban el curro, pero en fin…). Todo Beijing está envuelto en lo que parece una densa niebla que luego, según nos cuentan, es la mezcla de la niebla con la contaminación de una ciudad de 20 millones de habitantes. ¡Hasta dentro de la terminal del aeropuerto hay niebla!
Vemos pasar un batallón de limpieza uniformado y casi diríase que marcando el paso en plan marcial, mocho de fregar en ristre. Sacaríamos la cámara para grabarlo si no fuera porque sospechamos que, en el mejor de los casos, nos deportarían por tan grave ofensa a la patria y al partido…
Ahora sólo queda recoger las maletas. ¿Pero dónde? Seguimos constantemente los carteles hasta que llegamos a un andén. Sí, sí, un andén. Cada tres minutos pasa un trenecito que te acerca hasta la zona de recogida de equipaje. Un viaje de 8 minutos para alucinar, ¡¡¿¿Pero qué tamaño tiene esta terminal??!!
Al final conseguimos recoger nuestras maletas a las 23:30 hora española, por lo que, por ahora, ha salido todo bien. Siguiente paso: viajar a Jinan… pero eso será el día 3 (vaaale, realmente es justo a continuación de la recogida de las maletas, pero es que, con el cambio de huso horario… ya estamos en el día 3 y ¡se merece una entrada en el blog para él solito!). Hasta el día 3 pues.
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15 de marzo de 2013
Día 1. 14 de Marzo. Alicante - Madrid. Calentando motores...
Hoy comenzamos nuestro diario del viaje de adopción a por nuestra pequeña, así que durante los días que dure y mientras el cuerpo aguante (y la pequeña LY y las telecomunicaciones lo permitan) intentaremos ir contando lo que vivimos. Lo hicimos en nuestro viaje a Polonia y ha resultado ser un recuerdo precioso, así que este viaje no puede ser menos. ¡Ahí vamos!
Día 1. 14 de Marzo. Alicante - Madrid. Calentando motores...
Hoy ha sido un día intensísimo, emocionalmente hablando. Toda esta semana (y este mes, diría yo) hemos ido notando como crecían en nuestro interior los nervios, la ansiedad por llegar a esta fecha y empezar nuestro viaje a por la pequeña y preciosa LY, nuestra esperada hija. Hoy, al fin, hemos echado a andar.
Tras una mañana (y tarde en el caso de Susana) de trabajo, hemos terminado a todo correr las maletas y supervisado que, al menos todo lo importante, estuviera controlado y en orden. Tras una revisión de la casa y las instrucciones pertinentes a nuestro "guardián" particular (¡qué haría yo sin mi suegro, señor!), bajamos a la estación de tren con los nervios a flor de piel.
Primera sorpresa: algunos de nuestros queridos amigos se habían acercado a despedirnos, así que las primeras lágrimas con ellos y con nuestra familia ya comenzaban a aflorar. Las emociones empezaban a soltarse y los abrazos y besos se producían sin cesar. Aquí nuestras caras de felicidad:
El tiempo con ellos se nos hizo cortísimo: cuando nos queríamos dar cuenta ya era la hora de subir al tren. Más besos, más abrazos, risas nerviosas... es el momento de decir "hasta pronto" y de reencontrarnos siendo uno más en unos días.
Subir al tren y ver a todos mirándonos y despidiéndose nos terminó de quitar la coraza de autocontrol y falsa tranquilidad y rompimos a llorar, pero llorar de felicidad, sonrientes, nerviosos, con una tremenda complicidad y un amor infinito en nuestras miradas brillantes. Llorando subimos al tren, llorando hicimos nos despedimos desde él y llorando nos fuimos durante la siguiente hora, abrazados, besándonos y tocándonos como para terminar de afianzar la realidad: estamos de camino a por nuestra pequeña. Así lucíamos en el tren:
Emocionados y felices, empezamos a enviar mensajes a cientos. Con ambos móviles echando humo pasamos la mayor parte del viaje de Alicante a Madrid. La gente nos veía, ahora riendo, ahora llorando de felicidad, ahora embelesados y cogidos con toda ternura de la mano, con mil recuerdos y mil sentimientos dentro de nosotros. Los que nos han acompañado en el vagón han debido de flipar...
Nuestra querida Regina nos había preparado la cena (que podría ser cena-desayuno-almuerzo) para que no nos faltara de nada. ¡Qué gusto da dejarse cuidar así! Para muestra, un botón:
Finalmente, completamos esta primera etapa algo cansados por todo el tute del día, sin batería en los móviles por los cientos de mensajes (¡ni cargadores, que nos los hemos dejado en casa! Mañana compramos uno en el aeropuerto...) y con el tiempo justo de llegar al hotel a descansar unas horitas antes de nuestro gran viaje. Decir que en el hotel se han portado maravillosamente y nos han prestado el cargador de la Blackberry de uno de los miembros de la plantilla para que esta noche podamos cargar los móviles y así no pasar apuros mañana ni al llegar a Beijing. Buena gente, sí señor...
Mañana comienza la "etapa reina": Madrid - Beijing del tirón. Doce horitas para el recuerdo. Doce horitas para estar ya cerquita de nuestra niña. Doce horitas para estar a un día de ser padres al fin. Gracias, Dios mío. Gracias, amigos. Gracias familia. Gracias.
Día 1. 14 de Marzo. Alicante - Madrid. Calentando motores...
Hoy ha sido un día intensísimo, emocionalmente hablando. Toda esta semana (y este mes, diría yo) hemos ido notando como crecían en nuestro interior los nervios, la ansiedad por llegar a esta fecha y empezar nuestro viaje a por la pequeña y preciosa LY, nuestra esperada hija. Hoy, al fin, hemos echado a andar.
Tras una mañana (y tarde en el caso de Susana) de trabajo, hemos terminado a todo correr las maletas y supervisado que, al menos todo lo importante, estuviera controlado y en orden. Tras una revisión de la casa y las instrucciones pertinentes a nuestro "guardián" particular (¡qué haría yo sin mi suegro, señor!), bajamos a la estación de tren con los nervios a flor de piel.
Primera sorpresa: algunos de nuestros queridos amigos se habían acercado a despedirnos, así que las primeras lágrimas con ellos y con nuestra familia ya comenzaban a aflorar. Las emociones empezaban a soltarse y los abrazos y besos se producían sin cesar. Aquí nuestras caras de felicidad:
El tiempo con ellos se nos hizo cortísimo: cuando nos queríamos dar cuenta ya era la hora de subir al tren. Más besos, más abrazos, risas nerviosas... es el momento de decir "hasta pronto" y de reencontrarnos siendo uno más en unos días.
Subir al tren y ver a todos mirándonos y despidiéndose nos terminó de quitar la coraza de autocontrol y falsa tranquilidad y rompimos a llorar, pero llorar de felicidad, sonrientes, nerviosos, con una tremenda complicidad y un amor infinito en nuestras miradas brillantes. Llorando subimos al tren, llorando hicimos nos despedimos desde él y llorando nos fuimos durante la siguiente hora, abrazados, besándonos y tocándonos como para terminar de afianzar la realidad: estamos de camino a por nuestra pequeña. Así lucíamos en el tren:
Emocionados y felices, empezamos a enviar mensajes a cientos. Con ambos móviles echando humo pasamos la mayor parte del viaje de Alicante a Madrid. La gente nos veía, ahora riendo, ahora llorando de felicidad, ahora embelesados y cogidos con toda ternura de la mano, con mil recuerdos y mil sentimientos dentro de nosotros. Los que nos han acompañado en el vagón han debido de flipar...
Nuestra querida Regina nos había preparado la cena (que podría ser cena-desayuno-almuerzo) para que no nos faltara de nada. ¡Qué gusto da dejarse cuidar así! Para muestra, un botón:
Finalmente, completamos esta primera etapa algo cansados por todo el tute del día, sin batería en los móviles por los cientos de mensajes (¡ni cargadores, que nos los hemos dejado en casa! Mañana compramos uno en el aeropuerto...) y con el tiempo justo de llegar al hotel a descansar unas horitas antes de nuestro gran viaje. Decir que en el hotel se han portado maravillosamente y nos han prestado el cargador de la Blackberry de uno de los miembros de la plantilla para que esta noche podamos cargar los móviles y así no pasar apuros mañana ni al llegar a Beijing. Buena gente, sí señor...
Mañana comienza la "etapa reina": Madrid - Beijing del tirón. Doce horitas para el recuerdo. Doce horitas para estar ya cerquita de nuestra niña. Doce horitas para estar a un día de ser padres al fin. Gracias, Dios mío. Gracias, amigos. Gracias familia. Gracias.
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13 de marzo de 2013
La cuenta atrás
Querida hija
Estamos en la recta final para llegar a tí. Nuestra cuenta atrás particular está acercándose al maravilloso punto en el que te tendremos en brazos y no podremos dejar de reir y llorar todo a la vez.
La mezcla de sensaciones estos días es tremenda, pero la alegría y la emoción casi incontrolable son, con diferencia, las que más destacan. Ver cómo se emocionan nuestros amigos y familia por tí, por nosotros, por llegar a la meta que más que un final marca un inicio es realmente increíble.
Soy consciente de que tu camino, pese a todo, va a ser duro. Vas a salir de una institución donde llevas desde bebé, con gente desconocida para tí, que habla distinto, viste distinto, huele distinto... Sé que los primeros días (o semanas o meses) muy posiblemente nos rechazarás, no querrás saber nada de nosotros y lo entiendo: la incertidumbre con la que vivirás este cambio es enorme. No me puedo ni imaginar lo que pasará por esa cabecita dando mil vueltas a toda velocidad al cambio de situación, pero ¿sabes qué? A nosotros nos pasa justo lo contrario: tenemos una seguridad plena en que eres nuestra hija, que te queremos con locura aún sin tenerte a nuestro lado y estamos preparados para absorber todas tus reacciones con absoluta normalidad. El amor nos ayudará a superar todas las barreras y dificultades que el camino nos ponga por delante, estoy convencido.
Así que comienza la cuenta atrás real, esa cuenta atrás como la de los astronautas de la NASA en la que se oye una voz en "off" que, con voz metálica, dice algo así como "Three. Two. One. Ignition" ya está aquí. La semana que viene seremos una familia de tres y nuestro sueño se habrá hecho realidad y comenzaremos una nueva vida contigo. Ojalá sepamos proporcionarte todo lo que necesitas. Te queremos.
Estamos en la recta final para llegar a tí. Nuestra cuenta atrás particular está acercándose al maravilloso punto en el que te tendremos en brazos y no podremos dejar de reir y llorar todo a la vez.
La mezcla de sensaciones estos días es tremenda, pero la alegría y la emoción casi incontrolable son, con diferencia, las que más destacan. Ver cómo se emocionan nuestros amigos y familia por tí, por nosotros, por llegar a la meta que más que un final marca un inicio es realmente increíble.
Soy consciente de que tu camino, pese a todo, va a ser duro. Vas a salir de una institución donde llevas desde bebé, con gente desconocida para tí, que habla distinto, viste distinto, huele distinto... Sé que los primeros días (o semanas o meses) muy posiblemente nos rechazarás, no querrás saber nada de nosotros y lo entiendo: la incertidumbre con la que vivirás este cambio es enorme. No me puedo ni imaginar lo que pasará por esa cabecita dando mil vueltas a toda velocidad al cambio de situación, pero ¿sabes qué? A nosotros nos pasa justo lo contrario: tenemos una seguridad plena en que eres nuestra hija, que te queremos con locura aún sin tenerte a nuestro lado y estamos preparados para absorber todas tus reacciones con absoluta normalidad. El amor nos ayudará a superar todas las barreras y dificultades que el camino nos ponga por delante, estoy convencido.
Así que comienza la cuenta atrás real, esa cuenta atrás como la de los astronautas de la NASA en la que se oye una voz en "off" que, con voz metálica, dice algo así como "Three. Two. One. Ignition" ya está aquí. La semana que viene seremos una familia de tres y nuestro sueño se habrá hecho realidad y comenzaremos una nueva vida contigo. Ojalá sepamos proporcionarte todo lo que necesitas. Te queremos.
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5 de marzo de 2013
Mamá protectora: ¡Al ataque!
Ya hablé con Dani de las experiencias de ser madre adoptiva. Una de las que estoy echando mucho en falta es de que nadie me hable de mi hija, que nadie pregunte, se interese (excepto la familia bio y del corazón). Ya había oído comentar que es un acontecimiento que los demás no viven como tú, y que eres tú misma la que acabe sacando el tema para poder hablarlo y compartirlo, pero que en un par de minutos... los demás cambian de tema.
Con una buena barrigota embarazada todo son felicitaciones, preguntas de cuál es tu estado de ánimo, qué necesitas, consejos de gente... el asunto está ahí, bien presente en forma de abultado vientre mientras que en el caso adoptivo, es algo que está ahí... y de lo que no se habla.
He vivido este año dos embarazos en mi centro de trabajo. Y mi asignación. No hay comparación posible. Se ha recaudado dinero para hacer un regalito conjunto, se ha hablado del tema con naturalidad... mientras, yo estaba cerca y felicitando e interviniendo como los demás pero... ¿Quién se acuerda de LY? Nadie.
Ah!!!! Pero luego pasa algo muyyy curioso. Un día, conversas y cuentas cual es el proceso que estás pensando para con tu hija. Que las psicólogas nos aconsejan el colecho, que una buena abuela es mejor que una guardería en el caso de la adopción porque es mucho más importante el vínculo que el aprendizaje en infantil (porque si no hay vínculo, el aprendizaje no evoluciona como debiera), que no es obligatorio escolarizar hasta la educación primaria...
Como una manada de lobos, de repente en ese momento toooodo el mundo sí que se cree con derecho a opinar. Que si el colecho es lo peor, que si fulanito adoptó y no hubo colecho y mira que bien está... que si la guardería en septiembre la metamos porque es mucho mejor que una abuela y se va a socializar mejor (a pesar de que la psicóloga ya nos dice que si va al parque todos los días se socializa igual). Que si la guardería va a hacer que hable antes, que si las abuelas consienten y luego van las niñas al cole resaviadas, que qué locura es esa de no tener bien claro que mi hija debe empezar el colegio cuanto antes...
Así me ven ellas:
Que soy superprotectora, que si la lengua de signos teniendo un oído es una chorrada (cuando en la asociación de sordos nos dejaron bien clarito que la niña, precisamente por no tener un oído, es sorda aunque en grado leve), que si lo de la alimentación progresiva de alimentos que jamás ha comido y para los cuales su organismo no está preparado es una idiotez, y un largo etc.
Yo lo único que pensaba, era en LY y en su protección:
Protección de las que van a ser futuras profesoras y profesores de mi hija, que aun siendo verdaderos especialistas en su materia, son unas completas "resabiadas" de un tema que ni entienden, ni quieren realmente conocer.
Con una buena barrigota embarazada todo son felicitaciones, preguntas de cuál es tu estado de ánimo, qué necesitas, consejos de gente... el asunto está ahí, bien presente en forma de abultado vientre mientras que en el caso adoptivo, es algo que está ahí... y de lo que no se habla.
He vivido este año dos embarazos en mi centro de trabajo. Y mi asignación. No hay comparación posible. Se ha recaudado dinero para hacer un regalito conjunto, se ha hablado del tema con naturalidad... mientras, yo estaba cerca y felicitando e interviniendo como los demás pero... ¿Quién se acuerda de LY? Nadie.
Ah!!!! Pero luego pasa algo muyyy curioso. Un día, conversas y cuentas cual es el proceso que estás pensando para con tu hija. Que las psicólogas nos aconsejan el colecho, que una buena abuela es mejor que una guardería en el caso de la adopción porque es mucho más importante el vínculo que el aprendizaje en infantil (porque si no hay vínculo, el aprendizaje no evoluciona como debiera), que no es obligatorio escolarizar hasta la educación primaria...
Como una manada de lobos, de repente en ese momento toooodo el mundo sí que se cree con derecho a opinar. Que si el colecho es lo peor, que si fulanito adoptó y no hubo colecho y mira que bien está... que si la guardería en septiembre la metamos porque es mucho mejor que una abuela y se va a socializar mejor (a pesar de que la psicóloga ya nos dice que si va al parque todos los días se socializa igual). Que si la guardería va a hacer que hable antes, que si las abuelas consienten y luego van las niñas al cole resaviadas, que qué locura es esa de no tener bien claro que mi hija debe empezar el colegio cuanto antes...
Así me ven ellas:
Que soy superprotectora, que si la lengua de signos teniendo un oído es una chorrada (cuando en la asociación de sordos nos dejaron bien clarito que la niña, precisamente por no tener un oído, es sorda aunque en grado leve), que si lo de la alimentación progresiva de alimentos que jamás ha comido y para los cuales su organismo no está preparado es una idiotez, y un largo etc.
Yo lo único que pensaba, era en LY y en su protección:
Protección de las que van a ser futuras profesoras y profesores de mi hija, que aun siendo verdaderos especialistas en su materia, son unas completas "resabiadas" de un tema que ni entienden, ni quieren realmente conocer.
24 de febrero de 2013
FIESTA DE DESPEDIDA DE NO-PADRES-AÚN Y SOY-UNA-HIJA-QUE-ESPERA
Ayer estuvimos en casa de unos amigos celebrando el aniversario de llegada de su preciosa hija. Es cierto, ese día tiene una importancia increíble en la vida de una familia que se completa con un hijo tan deseado y querido.
Salimos impresionados, alegres, disfrutando... Me acordaba de A. Y de por qué me había olvidado de su cumpleaños y no puedo negar que para mí, la fecha que tengo grabada a fuego es la de la llegada a su familia, el día que lo tuvieron en brazos, la foto que emocionados nos mandaron de una familia completamente feliz y completa.
Viendo la importancia que le damos a estas fechas tan adoptivas, y viendo otras tradicionales como la despedida de soltera/o y la novedosa despedida de casada/o, Dani y yo hemos decidido que vamos a organizar nuestra despedida de NO-PADRES.
Vamos a organizar una fiesta PRE-China para despedirnos de levantarnos tarde los fines de semana, de los sueños nocturnos de un tirón, de las siestas, de comer cualquier cosa improvisada, de ir al cine porque me apetece ahora, de tener tiempo para hacer manualidad es o sentarse a media tarde simplemente a leer un libro. Eso y muuuuchas otras cosas, aunque todos los padres a los que consultamos nos dicen lo mismo: despediros del concepto de dormir que teníais y disfrutarlo aún que podéis.
Así que con el corazón encogido de alegría y con la imagen de LY en nuestros corazones, avisamos de este próximo evento que celebraremos en fecha indeterminada en los próximos 18 días, porque en 19 empieza por fin nuestra ansiada aventura.
Querida LY, llevamos 8 años esperándote. Ocho años de ilusiones, miedos, angustias, sobresaltos, muchos momentos de desesperación, de meterse en la cama y no pensar en nada. Con momentos de absoluta voracidad por información adoptiva, de preparación en todos los cursos que encontrábamos, de encontrarnos con familias maravillosas por el camino que eran también adoptivas. Ocho años de mútuo amor entre tu padre y yo y de practicar la paciencia, la resiliencia y un montón de etc. Ocho años viendo como nuestra familia externa se hacía cada vez má extensa, como tu prima crecía sin tí, como tus abuelos envejecían y como uno de ellos se iba al cielo a cuidarte casi al mismo tiempo que tú nacías en el otro lado del mundo.
Celebración de no-padres, de cicatrizar nuestros variados duelos, de prepararnos a tu llegada a TU CASA. Celebración de que ya no eres una hija que espera. De que nuestro hilo verde se ha unido para siempre, de que te queremos ya, traigas lo que traigas en tu mochila de vida o con tus problemas médicos. Y celebración de que este amor será incondicional y para siempre.
¿Hay motivos de celebración, verdad? Estáis todos invitados.
Un abrazo: los futuros padres de LY.
20 de febrero de 2013
El jardinero y la hucha
A menos de un mes para el gran viaje y la aventura de nuestras vidas (dejadme que coja aire y suspire sonoramente tras estas palabras porque las merecen) mi mente no deja de funcionar y va a mil por hora. Oh!, por qué habré nacido mujer? Es imposible no pensar en nada...
Así que me levanto por la mañana pensando en mi niña, en nuestros miedos, en nuestro futuro, en su futuro, en médicos, pruebas, en no buscar información y no pensar pero... ¡Soy mujer! Pienso demasiado. ¡Y estoy muy orgullosa, Leñe!
Y al final termino levantándome de la cama el fin de semana prontito, porque ha venido el jardinero, como cada trimestre, para poner algo de orden en este jardín demasiado pequeño para que quepa todo lo que queremos, y demasiado grande para que nosotros dos lo podamos mantener.
Pues a eso, que me levanto con mis grandes preocupaciones de futura madre de niña "defectuosa" y me voy directa a la cocina a enchufar la tostadora. Y mientras cojo la aceitera, mis ojos hacen un barrido rápido por la ventana de la cocina. Y allí está él, el nuevo ayudante de nuestro jardinero, agachado enseñándome un primer plano de su peluda hucha.
No he podido resistirlo. Una sonrisa se me ha puesto en los labios mientras me acordaba de aquel anuncio de coca cola light donde un limpia cristales descamisado se tomaba un descanso frente a una ventana llena de mujeres atónitas ante semejante monumento descamisado.
Por unos momentos, ni ha habido médicos, ni pruebas ni miedos. La hucha del jardinero ha permitido que pusiera algo de humor en estos momentos que son tan alegres y terroríficos al mismo tiempo. Me he comido mi tostada mirando por la ventana de reojo mientras Dani también miraba atónito la escena, preguntándonos si amablemente le ofrecíamos unos pantalones de chandal.
A veces, el humor es la mejor terapia. No pensar, liberar mi mente... Y reír.
La risa, una de las mejores terapias...
24 días para el viaje. Mejor reír que sufrir por miedo, verdad?
Así que me levanto por la mañana pensando en mi niña, en nuestros miedos, en nuestro futuro, en su futuro, en médicos, pruebas, en no buscar información y no pensar pero... ¡Soy mujer! Pienso demasiado. ¡Y estoy muy orgullosa, Leñe!
Y al final termino levantándome de la cama el fin de semana prontito, porque ha venido el jardinero, como cada trimestre, para poner algo de orden en este jardín demasiado pequeño para que quepa todo lo que queremos, y demasiado grande para que nosotros dos lo podamos mantener.
Pues a eso, que me levanto con mis grandes preocupaciones de futura madre de niña "defectuosa" y me voy directa a la cocina a enchufar la tostadora. Y mientras cojo la aceitera, mis ojos hacen un barrido rápido por la ventana de la cocina. Y allí está él, el nuevo ayudante de nuestro jardinero, agachado enseñándome un primer plano de su peluda hucha.
No he podido resistirlo. Una sonrisa se me ha puesto en los labios mientras me acordaba de aquel anuncio de coca cola light donde un limpia cristales descamisado se tomaba un descanso frente a una ventana llena de mujeres atónitas ante semejante monumento descamisado.
Por unos momentos, ni ha habido médicos, ni pruebas ni miedos. La hucha del jardinero ha permitido que pusiera algo de humor en estos momentos que son tan alegres y terroríficos al mismo tiempo. Me he comido mi tostada mirando por la ventana de reojo mientras Dani también miraba atónito la escena, preguntándonos si amablemente le ofrecíamos unos pantalones de chandal.
A veces, el humor es la mejor terapia. No pensar, liberar mi mente... Y reír.
La risa, una de las mejores terapias...
24 días para el viaje. Mejor reír que sufrir por miedo, verdad?
18 de febrero de 2013
Sodagreen: ¿Qué te preocupa?
Hoy, mientras desayunaba y le daba vueltas en la cabeza al tema que más nos preocupa y más ocupa nuestras mentes estas semanas, me he encontrado con una preciosa entrada del blog Mi peque vino de China. En ella aparecía únicamente una canción de los Sodagreen y su letra en chino, con su traducción al castellano y no he podido por menos que pensar, una vez más, que las coincidencias no existen. Os la dejo aquí copiada de su blog. Ojalá os estremezca como lo ha hecho conmigo.
Sodagreen (蘇打綠):
你在煩惱什麼 (¿Qué te preocupa?)
没有不会谢的花
Méiyǒu bù huì xiè de huā
没有不会退的浪
Méiyǒu bù huì tuì de làng
没有不会暗的光
Méiyǒu bù huì àn de guāng
你在烦恼什么吗
Nǐ zài fánnǎo shénme ma
没有不会淡的疤
Méiyǒu bù huì dàn de bā
没有不会好的伤
Méiyǒu bù huì hǎo de shāng
没有不会停下来的绝望
Méiyǒu bù huì tíng xiàlái de juéwàng
你在忧郁什么啊
Nǐ zài yōuyù shénme a
时间从来不回答
Shíjiān cónglái bu huídá
生命从来不喧哗
Shēngmìng cónglái bu xuānhuá
就算只有片刻 我也不害怕
Jiùsuàn zhǐyǒu piànkè wǒ yě bù hàipà
是片刻组成永恒哪
Shì piànkè zǔchéng yǒnghéng nǎ
片刻组成永恒哪
Piànkè zǔchéng yǒnghéng nǎ
Traducción (+ ó -):
No hay flores que no puedan disculpar
No hay olas que no retrocedan
No hay luces que no puedan con la oscuridad
¿Qué te preocupa?
No hay cicatriz que no pueda suavizarse
No hay herida que no pueda mejorar
No hay desesperación que no pueda detenerse
¿Qué te angustia?
El tiempo nunca es la respuesta
La vida nunca es alboroto
Incluso en algún momento yo tampoco tengo miedo
Es un momento que será eterno
Un momento que será eterno
你在煩惱什麼 (¿Qué te preocupa?)
没有不会谢的花
Méiyǒu bù huì xiè de huā
没有不会退的浪
Méiyǒu bù huì tuì de làng
没有不会暗的光
Méiyǒu bù huì àn de guāng
你在烦恼什么吗
Nǐ zài fánnǎo shénme ma
没有不会淡的疤
Méiyǒu bù huì dàn de bā
没有不会好的伤
Méiyǒu bù huì hǎo de shāng
没有不会停下来的绝望
Méiyǒu bù huì tíng xiàlái de juéwàng
你在忧郁什么啊
Nǐ zài yōuyù shénme a
时间从来不回答
Shíjiān cónglái bu huídá
生命从来不喧哗
Shēngmìng cónglái bu xuānhuá
就算只有片刻 我也不害怕
Jiùsuàn zhǐyǒu piànkè wǒ yě bù hàipà
是片刻组成永恒哪
Shì piànkè zǔchéng yǒnghéng nǎ
片刻组成永恒哪
Piànkè zǔchéng yǒnghéng nǎ
Traducción (+ ó -):
No hay flores que no puedan disculpar
No hay olas que no retrocedan
No hay luces que no puedan con la oscuridad
¿Qué te preocupa?
No hay cicatriz que no pueda suavizarse
No hay herida que no pueda mejorar
No hay desesperación que no pueda detenerse
¿Qué te angustia?
El tiempo nunca es la respuesta
La vida nunca es alboroto
Incluso en algún momento yo tampoco tengo miedo
Es un momento que será eterno
Un momento que será eterno
Etiquetas:
Asignaciones,
NNEE,
Sentimientos
13 de febrero de 2013
LIBERAR MI MENTE...
Ese fue el consejo que ayer me dio la psicóloga a la que
hemos empezado a asistir para prepararnos para tu llegada.
Han sido tantos duelos los que hemos sufrido estos
dos últimos años… que estoy convencida de que hubieran acabado con cualquier
matrimonio que no tuviera la fuerza, el tesón y la comprensión que tenemos
nosotros. Pero al final, todo se acumula, y acaba saliendo en forma de
ansiedad. Y eso sólo es un síntoma más de que no nos encontramos fuertes ante
tu llegada.
Fuimos a una sesión de una hora que acabó en hora y media.
Lo que se dijo en la consulta allí se ha de quedar, pero permitió que papi y yo
aún nos conociéramos más a fondo y que sacáramos pequeñas heridas que aún
siguen doliendo. Y que nos queramos, si cae, aún más.
Liberar mi mente. No buscar más información sobre ti.
Aceptar o rechazar lo que viene. Así de simple. La única manera de que la
ansiedad desaparezca y de que los miedos no nos atenacen es dejarlos fluir
libremente.
Liberar mi mente. No pensar en que tengas algo más grave de
lo que nos han dicho. No pensar en una discapacidad de la que sospechamos. No
pensar. Sólo decidir, y estar seguros al 100% de lo que hacemos, de dónde nos
metemos, de lo bien o de lo mal que nos puede salir todo, de cómo nos afectará
como pareja, como matrimonio y como familia.
Liberar mi mente.
Y después de nuestros terrores comunes y de convencernos de
que ambos tenemos los mismos miedos, hoy es el día en el que realmente te hemos
adoptado. Hoy ha sido la decisión definitiva, nos encontremos lo que nos
encontremos al llegar allí. Encontremos una niña autista, o con retraso, o con
problemas neurológicos. Nuestros miedos nunca se van a ir en el mundo adoptivo
y hoy por fin lo he comprendido… y aceptado. Otro pequeño duelo que se une al
resto.
Y hoy, miércoles de ceniza, comienza el periodo de
renovación hacia una nueva vida. Y mientras he tenido el honor de hacer la
imposición de la ceniza a mis alumnos, sonaba una canción de Chambao: detalles.
Y toda la canción hablaba de esta nueva vida, y toda la
ceremonia hablaba de comenzar una nueva vida y un nuevo proyecto, y mis
lágrimas caían sentada en la última fila mientras mis alumnos escuchaban las
palabras de nueva vida y no se podían imaginar cómo va a camiar la mía, la nuestra, la de los tres, en tan sólo un mes
Y luego, a cada uno, hemos repartido una mariposa en papel,
cada una con un mensaje de la canción. Y a mí, en la imposición de la ceniza,
una mariposa con las palabras impresas de “liberar mi mente” ha caído en mis
manos al azar y me he dado cuenta de que todo este proyecto no es sólo nuestro.
Forma parte de un plan que no alcanzo a vislumbrar, que no promete ni alegrías
ni tristezas. Sólo puede prometer un cambio. El tiempo dirá si ha sido a mejor
o no.
Y ese momento, ha acaado con esta oración irlandesa:
“Que los caminos se abran a tu encuentro,
Que el sol brille en tu rostro,
Que la lluvia caiga suave sobre tus campos,
Que el viento sople siempre a tu espalda.
Que guardes en tu corazón con gratitud el recuerdo precioso
de las cosas buenas de tu vida.
Que tus ojos reflejen un brillo de amistad gracioso y
generoso como el sol que sale entre las nubes y calienta el mar tranquilo.
Que la fuerza de Dios te mantenga firme,
Que los ojos de Dios te miren,
Que los oídos de Dios te oigan,
Que la palabra de Dios te hable,
Que la mano de Dios te proteja
Y que, hasta que nos encontremos,
Otro te tenga, y nos tenga a todos
En la palma de su mano”
4 de febrero de 2013
LOA: Tres letras que cambian tres vidas
LOA. Las siglas de "Letter Of Acceptance". Tres letras que cambiarán tres vidas de aquí a poco más de un mes. Al fin nuestra ansiada LOA ha llegado. Al fin sabemos a ciencia cierta que seremos padres y que nuestra pequeña LY volverá a sonreir, jugará con su prima, con nuestros amigos peludos y con nosotros...
La sensación cuando recibes la llamada avisándote de que ha llegado tu LOA (y encima con adelanto respecto a la fecha estimada) es indescriptible. De repente, todo lo que hay a tu alrededor desaparece. Da igual lo que estuvieras haciendo en ese momento, el "marrón" que tuvieras entre manos en el trabajo, el humor con el que te hubieras levantado esa mañana o cualquier otra cosa que pueda pasarte por el corazón o la mente. Es casi irreal, surrealista. Nosotros lo hemos descrito como estar "tranquinerviosos" o "nervitranquilos", porque creo que no hay palabra en el diccionario capaz de describir lo que se siente en un momento tan importante de nuestras vidas, en el punto de inflexión que da un vuelco y cambia el centro de tu universo, trasladándolo a un remoto punto en el otro extremo del planeta. LY ya está en nuestras vidas.
Ni siquiera la sombra oscura y en ocasiones tenebrosa de la bur(r)ocracia, ejercida por bur(r)ócratas sin corazón, sentimientos ni ganas de trabajar pueden hacer que un momento así pierda su magia. A la sorpresa inicial le sucede el llanto, la risa, las explicaciones, las felicitaciones y una sonrisa de oreja a oreja que ya no se desdibuja de la cara pase lo que pase a tu alrededor. ¿Pero cómo no vamos a estar así si llevamos esperando esto toda nuestra vida adulta? La magia de la adopción, incomprendida muchas veces por padres biológicos (que no todos, lo se, pero sí muchos), llega a nuestros corazones inundándolos de un color, el verde.
El viernes pasa como un mero trámite en el trabajo. Hago lo que siempre hago, lo hago con la mayor dedicación de la que soy capaz, pero no puedo mantener la cabeza centrada: la LOA ha llegado, la LOA ha llegado, la LOA ha llegado... Es como un mantra que se repite de forma machacona en mi cabeza mientras miro unos límites y coeficientes que han perdido el poco sentido que ya tenían antes de por sí. Ojalá llegue cuanto antes el lunes y podamos firmar la documentación para reunirnos lo más rápidamente posible con nuestra hija...
El fin de semana es intenso, vibrante. Empezamos los preparativos de la habitación de nuestra hija. La pintura, el armario, la ropa, la cómoda, la mesita de noche... La familia cercana se arremanga y entre todos damos un gran empujón, haciendo que la habitación parezca otra y que el caos de ropa heredada de mil tallas, modelos y colores tome forma y se convierta en ropa que nuestra hija pueda usar en cuanto esté en nuestros brazos. LY nos da fuerzas, y aunque nos acostamos derrotados lo hacemos con esa sonrisa que se ha instalado en nuestras caras desde el viernes, desde el precioso día de la llegada LOA. Tres letras que cambian tres vidas para siempre. Letter Of Acceptance. La llegada de nuestra pequeña a la familia se acerca. Comienza la cuenta atrás... al fin.
La sensación cuando recibes la llamada avisándote de que ha llegado tu LOA (y encima con adelanto respecto a la fecha estimada) es indescriptible. De repente, todo lo que hay a tu alrededor desaparece. Da igual lo que estuvieras haciendo en ese momento, el "marrón" que tuvieras entre manos en el trabajo, el humor con el que te hubieras levantado esa mañana o cualquier otra cosa que pueda pasarte por el corazón o la mente. Es casi irreal, surrealista. Nosotros lo hemos descrito como estar "tranquinerviosos" o "nervitranquilos", porque creo que no hay palabra en el diccionario capaz de describir lo que se siente en un momento tan importante de nuestras vidas, en el punto de inflexión que da un vuelco y cambia el centro de tu universo, trasladándolo a un remoto punto en el otro extremo del planeta. LY ya está en nuestras vidas.
Ni siquiera la sombra oscura y en ocasiones tenebrosa de la bur(r)ocracia, ejercida por bur(r)ócratas sin corazón, sentimientos ni ganas de trabajar pueden hacer que un momento así pierda su magia. A la sorpresa inicial le sucede el llanto, la risa, las explicaciones, las felicitaciones y una sonrisa de oreja a oreja que ya no se desdibuja de la cara pase lo que pase a tu alrededor. ¿Pero cómo no vamos a estar así si llevamos esperando esto toda nuestra vida adulta? La magia de la adopción, incomprendida muchas veces por padres biológicos (que no todos, lo se, pero sí muchos), llega a nuestros corazones inundándolos de un color, el verde.
El viernes pasa como un mero trámite en el trabajo. Hago lo que siempre hago, lo hago con la mayor dedicación de la que soy capaz, pero no puedo mantener la cabeza centrada: la LOA ha llegado, la LOA ha llegado, la LOA ha llegado... Es como un mantra que se repite de forma machacona en mi cabeza mientras miro unos límites y coeficientes que han perdido el poco sentido que ya tenían antes de por sí. Ojalá llegue cuanto antes el lunes y podamos firmar la documentación para reunirnos lo más rápidamente posible con nuestra hija...
El fin de semana es intenso, vibrante. Empezamos los preparativos de la habitación de nuestra hija. La pintura, el armario, la ropa, la cómoda, la mesita de noche... La familia cercana se arremanga y entre todos damos un gran empujón, haciendo que la habitación parezca otra y que el caos de ropa heredada de mil tallas, modelos y colores tome forma y se convierta en ropa que nuestra hija pueda usar en cuanto esté en nuestros brazos. LY nos da fuerzas, y aunque nos acostamos derrotados lo hacemos con esa sonrisa que se ha instalado en nuestras caras desde el viernes, desde el precioso día de la llegada LOA. Tres letras que cambian tres vidas para siempre. Letter Of Acceptance. La llegada de nuestra pequeña a la familia se acerca. Comienza la cuenta atrás... al fin.
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