24 de marzo de 2013

Día 8. 21 de Marzo. Al fin el sol y el parque

Hoy por fin hemos tenido al fin un día de sol. Parece que la llovizna de la noche anterior ha limpiado un poco el ambiente, así que hemos aprovechado para sacar a LY del hotel (que ya empieza a estar harta de estar entre estas cuatro paredes y nosotros también, la verdad). Ella misma nos traía los zapatitos y señalaba la puerta con el dedito… ¡Angelita!


Como hacía algo de viento, hemos comenzado la mañana caminando en dirección contraria al mismo para evitar que LY cogiera frío, por lo que hemos deambulado sin rumbo fijo hasta acabar viendo un pequeño parque en una urbanización privada. Como buenos extranjeros, nos hemos hecho los suecos y hemos entrado en el parquecito, donde hemos podido ver un monumento a Dios-sabe-qué:



Además, una abuelita china ha estado ensalzando lo guapa y preciosa que era nuestra pequeña… Aquí todo el mundo es muy considerado con los niños y enseguida se ponen a jugar con ellos, a cogerlos en brazos y a decirles cositas. Finalmente, la pequeña se ha quedado dormida en el carro:



Como el viento parece que ha parado un poco, hemos decidido desandar el camino recorrido y nos hemos acercado hasta un parque cercano que teníamos ganas de visitar. Por el camino hemos cruzado por delante de una estatua con aire marcial que nos ha llamado la atención:





El parque es bastante grande y tiene unas fuentes muy chulas al estilo de las naves espaciales de “Men In Black” que, según nos han comentado, por la noche tienen juegos de luces y música. Lástima no poder ver el espectáculo, pero es demasiado arriesgado tanto por LY como por nosotros, así que nos conformaremos con verlas de día:



En el acceso al parque hay una zona con un colorido tremendo. Está lleno de flores rojas (el rollito comunista impera aquí, ya sabéis…) y nos llevamos una sorpresa mayúscula al acercarnos para hacer las fotos: son unos preciosos ejemplares de “plastikum comunistem”, es decir, que son más falsas que las monedas de tres céntimos: son flores de plástico…



Seguimos andando por el parque y acabamos en uno de los múltiples puentecitos que salvan un pequeño río que recorre el mismo. Desde él tenemos una vista bastante bonita del entorno:



Cada vez nos alegramos más de haber salido del hotel, pues el viento ha amainado y el paseo está siendo muy agradable.

En el centro del parque hay una estatua que a mí me llamó ya la atención unos días atrás cuando pasamos por delante del parque con la guía en el coche de camino al registro. Se trata de un monumento al agua, aunque parece una especie de llama olímpica en azul:



Seguimos andando y nos encontramos con un puesto ambulante de policía. Aquí tienen algunos de estas “minicomisarías” por la calle y parece que están pensadas para concienciar a los niños de que la policía es buena, a juzgar por los dibujitos que tienen por fuera pintados:



Nuestro paseo se dirige ahora hacia el río. Está a un nivel inferior al parque y se puede acceder a él por unas escaleras o por una especie de rampa, así que bajamos con el carrito por la rampa y nos damos una vuelta por sus puentes y una zona preciosa con sauces llorones (papá les llamaría “sauces buá-buá”, jejeje…):









Reponemos fuerzas en un McDonalds (el BigMac y los Nuggets son idénticos en todos los lados, por suerte) y acabamos nuestro paseo en un pequeño lago al final del parque:



Finalmente decidimos coger un taxi para volver al hotel. El carro no permite cerrar el maletero del taxi, así que la solución del taxista es… ¡sí, lo habéis adivinado! Dejar el maletero abierto y viajar así hasta el hotel. China is China…

El taxi nos cuesta 12 yuanes (alrededor de un euro y medio), lo que me termina de convencer que es mucho mejor coger taxis para hacer las excursiones que nos apetezca que contratarlas organizadas por la agencia, especialmente si son a sitios relativamente cercanos. En cualquier caso, no hemos venido de turismo, así que pasamos de excursiones (y más con LY en su estado catarral…).

Por hoy ya nos hemos aireado suficientemente, así que pasamos el resto del día en el hotel descansando y durmiendo una siesta para recuperar fuerzas. Mañana viernes nuestra guía recogerá el pasaporte de la nena y, si todo va bien, el sábado estaremos de camino a Beijing para encarar la recta final de nuestro viaje de adopción. ¡Yujuuuu!



Día 7. 20 de Marzo. La polución y el catarro no dan tregua a LY

Parece que el catarro de la pequeña LY no la da tregua. Está pasándolo mal, pues la pobre no respira bien (tiene mucha mucosidad y aún no sabe sonarse) y la fiebre sube y baja de forma inexorable. Además, el tiempo en Jinan no acompaña precisamente y la polución no hace sino empeorar la situación.


Hoy hemos pasado todo el día en el hotel salvo un ratito que nos hemos acercado por la tarde al centro comercial a comprar agua y algunas galletas para la peque.

La curiosidad del día vino, cómo no, de mano de los chinos en un restaurante “occidental” (un Kentucky Fried Chicken). Tras comprar el agua en el centro comercial anexo lo vimos y como tenía un pequeño parque infantil entramos, pues parecía el lugar idóneo para estar con la peque entretenidos un rato. Pedimos unos menús para nosotros y una especie de “nuggets” (que resultaron ser de pescado) para la niña y nos fuimos a la zona de juegos a cenar. Ya os hemos comentado en otras ocasiones que aquí la gente es muy amable con los niños pequeños, ¿verdad? Pues aquí nos juntamos con un chico y dos chicas chinas, universitarios los tres, que chapurreaban un poco el inglés. En cuanto vieron a LY se acercaron, la cogieron en brazos, la hicieron mil carantoñas y risas… mientras hablaban con nosotros como podían para decirnos lo guapa que estaba y preguntarnos de dónde éramos. Ante nuestro “Wo men shi Xibanya ren” (españoles) empezaron a reírse señalando al chico: parece que le gusta el fútbol (dieron a entender que jugaba en algún equipo universitario o algo así) y enseguida empezó a preguntarnos por Messi, Xavi y Cristiano Ronaldo. Exportando cultura futbolística, sí señor…

Al lado de la zona de juegos había un medidor de altura para los nanos, así que aprovechamos para medir a LY. ¡Mide casi 80 cm. de alto! Ya veremos cómo narices la metemos en la cuna del avión… Ya que estábamos y mientras las chinas se hacían fotos junto a la nena y a nosotros con sus megamóviles de última generación, les marcamos en el medidor la altura de Messi. Os juro que sus caras eran un poema, jejeje… Creo que lo tenían idealizado como un jugador alto y bien pertrechado, cuando en realidad es un ratoncito que se cuela entre la defensa rival gracias, entre otras cosas, a esa característica física. También le dijimos al chico que él en cambio se parecía a Cristiano Ronaldo (imaginaos cómo se puso de orgulloso, especialmente diciéndoselo dos extranjeros delante de sus amigas, jejeje). Más fotos, más chapurreo en inglés y la despedida pues tenían que irse de vuelta a la universidad… ¡Cachis! Se me olvidó darles el correo electrónico para que nos mandaran las fotos. En fin, una pena, pero LY se lo ha pasado genial y nosotros también hemos pasado un rato divertido.

Poco más queda contar de este día de transición, salvo que nuestro tesoro ríe ya va tentando los límites que la planteamos con cara de pillina… Sabe perfectamente cuando algo está bien o mal, pero pone esa cara picarona como diciendo “sé que está mal pero… ¡es que mola tanto!”

En un par de ocasiones nos ha tocado poner cara seria, porque veíamos que la cosa podía acabar mal y hacerse daño, pero en general estamos procurando no decir constantemente “no” (bueno, “bù shi”, que es el “no” en chino…) porque también entendemos que debe explorar lo que la rodea, jugar y tantear hasta dónde puede llegar… Me da a mí que esta niña nos va a acabar toreando, pero es que nos tiene ganados de antemano, jejeje.



Día 6. 19 de Marzo. Mi primer día del padre como padre

Levantarse siendo padre en el día del padre era una sensación desconocida para mí. El año pasado el mes de Marzo fue un mes muy triste, pues notaba aún más si cabe la ausencia de mi padre. El día del padre fue duro, al igual que su cumpleaños unos pocos días después. Siempre había sido para mí un día bonito que celebrábamos en familia y el año pasado había sido un día de bajón, donde la tristeza inundaba mi corazón aunque por fuera intentara mantener el tipo, por mi madre, por mi sobrina, por el resto de la familia. Hoy es totalmente distinto. Echo muchísimo de menos a mi padre, pero sé que esté donde esté, estará muy orgulloso de su nieta y creo que el mejor homenaje que puedo hacerle es estar feliz y comportarme como lo que soy, el padre de LY.


De Susana y mío es el deber de transmitirle a LY los valores y la forma de ver la vida que nuestros padres nos han dejado como legado, pero tan importante como esto es el permitirle a LY que conozca, a través de nosotros, cómo era su abuelo. Quiero que tenga en su memoria cosas que ni siquiera ha llegado a vivir, que tenga una imagen lo más clara posible de la forma de ser de su abuelo, de su alegría desbordante, de su vitalidad, de su entusiasmo y de su carácter. Así que hoy, 19 de Marzo, lo primero que hago al despertar junto a Susana y a nuestra hija es recordarme a mí mismo cuál es nuestro deber, soltar una breve lagrimilla y sonreír pensando en la cara de emoción que hubiese tenido mi padre si nos hubiera podido ver por internet como lo hizo mi madre el día de la asignación.

El día ha amanecido como todos los anteriores: gris y tristón. La ciudad sigue envuelta en un manto de niebla por culpa de la polución que evita que podamos ver el sol, así que casi parece que estemos en el norte de España en otoño. LY sigue con el catarro incipiente que la impide respirar y anda con subidas y bajadas de fiebre, siempre controladas y no preocupantes pero que no la dejan descansar bien y la hacen sudar a mares, así que no creemos conveniente que coja frío. Me temo que vamos a pasar nuestro primer día del padre en la habitación del hotel…

Tras desayunar en el buffet, nos volvemos a la habitación y jugamos un buen rato con LY. La niña, pese a estar con décimas de fiebre, está alegre y risueña. A cada carantoña, cosquillas o vuelo por los aires suelta una carcajada de felicidad que nos llena de emoción y nos hace sentirnos genial. El “baile” del que tanto nos han hablado en la formación adoptiva ha comenzado y nos encanta poder bailar con nuestra hija… Sabemos que para LY hoy por hoy somos aún dos personas más que están en su vida como han estado otras cuidadoras, personal del orfanato y tantas y tantas personas que la han tratado en su corta vida, pero también somos conscientes de que lo que necesita esta pequeña es cariño, juego, tranquilidad y seguridad. Y ese es nuestro propósito ahora mismo: satisfacer todas sus necesidades, todas las carencias afectivas que pueda tener y generar, poco a poco, un vínculo seguro y estable desde el que pueda construir una percepción de sí misma correcta, así que… ¡a jugar y a disfrutar juntos! Ya llegarán los momentos complicados más adelante, por lo que debemos disfrutar de esta “luna de miel” antes de que eso pase, jejeje…

A última hora de la tarde nos acercamos al Carrefour del primer día a comprar unas cosillas para la nena. Un consejo para otros papás que viajen a Jinan a adoptar a sus hij@s: no hace falta que vengáis cargados con potitos, pañales o cosas así. Todo se puede encontrar aquí sin ningún problema, y para muestra un botón:









Día 5. 18 de Marzo. Formalizando la adopción

Hoy nos hemos levantado prontito los tres, pues a las ocho en punto tenemos que estar en el hall del hotel. Va a ser un día movido, ya que tenemos que ir al registro (para inscribir la adopción), a la policía (para solicitar el pasaporte) y al notario (para terminar los trámites de formalización). La guía nos ha insistido mucho ayer en que seamos puntuales, pero es la primera vez que hacemos esto con una niña, así que no tengo todas conmigo en que vayamos a conseguir estar a la hora pactada…


Después de desayunar en el buffet del hotel (qué bien come esta niña, señor…) nos bajamos al hall con las cosas de la nena y la documentación necesaria preparada y allí tenemos a S. esperándonos. Sólo nos hemos retrasado 10 minutos (todo un record teniendo en cuenta los factores que intervenían esta mañana para poder estar a tiempo) y no nos han puesto mala cara. En la puerta del hotel tenemos un chófer esperándonos para llevarnos al registro. Este es el primer paso que debemos dar hoy: inscribir a nuestra hija como adoptada en el registro civil chino, proporcionándonos el libro de familia chino para que, posteriormente, un notario de fe de dicho hecho registral y se formalice la adopción. Aquí tenemos a la radiante mamá en la oficina del registro:



En el registro están esperándonos nuestros ya amigos del orfanato. Lo primero que hacen al vernos es preguntar cómo nos ha ido con la niña y cómo estamos… ¡Pues cómo vamos a estar! ¡Encantados de la vida!

Nuestra guía nos pregunta si, tras estas veinticuatro horas de “empatía” (que así llaman los chinos al día de reflexión que te dan para que veas si realmente estás convencido de que quieres adoptar), seguimos queriendo quedarnos con LY. A mi mente vienen de golpe miles de respuestas (bastante malsonantes algunas de ellas) pero al final acaba saliendo un sonriente “¡por supuesto!” de nuestros labios. Sé que hay parejas que llegados a este punto acaban diciendo “no” y nunca, jamás les juzgaré. Tiene que ser muy duro encontrarte, tras años de larga espera, con cosas para las que no te encuentras preparado y me parece un gran ejercicio de responsabilidad decir un “no” a tiempo, perdiendo ilusiones, tiempo, esperanza y dinero a acabar con un reabandono posterior (que esa es la palabra que realmente define y sustituye al famoso eufemismo de “devolver” al niño o niña al orfanato…). El caso es que estamos absolutamente convencidos de que LY ya es hija nuestra, lo pongan los papeles o no, así que… ¡a por ella!

Mientras todo esto ocurre, las cuidadoras del orfanato están con LY como pez en el agua. No dejan de jugar con ella, sonreírla y hacerle carantoñas. Son un verdadero encanto. Si no fuera porque sabemos lo que ocurre con estos menores cuando cumplen cierta edad y que un orfanato no es un sitio donde reciben todo lo que necesitan, casi pensaríamos que LY está genial donde está y que estamos haciendo algo malo. Pero por mucho cariño que quieran darle, LY necesita atenciones constantes, estímulos constantes, cuidados constantes. Y eso, no hay orfanato que pueda darlo por bueno que sea…





Una vez realizado el acto del registro, nos proporcionan un precioso libro de familia chino (que una vez en España sólo nos servirá de recuerdo) y la registradora nos hace entrega de un regalito, una borla china de color violeta muy bonita. Nosotros a su vez le hacemos entrega del turrón de Jijona que hemos traído para la ocasión y nos despide con un “congratulations!” que nos llega al alma. ¡Ya queda menos para ser oficialmente los papás de LY! Ella, como si supiera que estamos cumpliendo nuestros sueños por su culpa, nos regala una de sus preciosas sonrisas en el registro:



El siguiente paso es ir a la comisaría de policía a solicitar el pasaporte para la niña. Este trámite tardaría normalmente unos quince días, pero el Sr. Dinero lo puede todo (bueno, vale, CASI todo…) y soltando unos cuantos cientos de yuanes nos lo tendrán listo para el viernes. Así que dicho y hecho: cogemos de nuevo el coche y nos vamos a comisaría mientras LY se come una de esas galletas de arroz que tanto la gustan por el camino:



En la comisaría, es la gente del orfanato la que se maneja mejor. Los trámites en China son intrincados: hay que rellenar decenas de papeles, ir de una planta a otra, de una sala a otra, hacerse fotos en un cuartito improvisado al efecto en mitad del edificio… ¡Buff! Menos mal que los tenemos a ellos, pues hasta nuestra guía está algo desorientada…

Terminamos los trámites en la policía y salimos pitando al notario. En China todo es rápido, todo se hace casi a la carrera. No es porque tengan especial prisa, sino sencillamente porque son así. Es su forma de ser, su idiosincrasia…

Para llegar hasta el notario tenemos que atravesar varios barrios del extrarradio de Jinan. Si el centro de la ciudad ya nos había dado una impresión de descuido, suciedad y polución, la imagen de la periferia es aún más deprimente: todo está cochambroso, desde los coches hasta los puestos ambulantes o las tiendas de la calle. El pavimento está lleno de baches, las alcantarillas del suelo vomitan humo y la gente parece sacada de una película de chinos de la edad media… Estamos comenzando a descubrir el lado más tremendo de las grandes ciudades chinas. Gracias a Dios, LY no vivirá en medio de este caos.

Llegamos al fin al notario y no nos hacen esperar. Por una parte, la gente del orfanato en representación del propio orfanato y del centro chino de adopciones (el famoso CCCWA). Por otro, nuestra guía en representación de la ECAI con la que tramitamos la adopción. Por último, nosotros como la pareja que adopta a LY. Todas las partes firmamos ante la notaria los documentos pertinentes en los cuales nos comprometemos a no maltratar nunca a LY y a criarla con los mismos derechos y deberes que cualquiera de nuestros otros hijos (cuando los tengamos). En la firma está presente de forma simbólica el abuelo que subió a cuidar de LY al cielo apenas un par de meses después de que ella naciera: firmamos los documentos con el bolígrafo que nos regaló en su momento “para la firma de las cosas importantes”. ¿Hay algo más importante que esto? Gracias, papá…





Una vez realizados los trámites, LY ya es oficialmente hija nuestra. Abrazos, fotos, sonrisas, regalo para la notaria (más turrón, explicándola que no es uno cualquiera, sino que está comprado en la tierra donde se hace el mejor turrón del mundo y además es un gran turrón, 100% almendra…) y de vuelta al hotel.

Alcanzada nuestra “casa” provisional, nos despedimos de nuestros amigos del orfanato. Las cuidadoras se vuelven por la tarde y uno de ellos se queda pues hay otro menor al que han hospitalizado para realizarle una intervención. Nos da mucha pena, pues sabemos que es difícil que volvamos a verles en persona algún día, pero así ha de ser. Nuestra guía nos indica que ahora tenemos ya tiempo libre hasta que ella recoja los documentos y el pasaporte y podamos regresar a Beijing el sábado. Mientras tanto, nos recomienda que salgamos poco del hotel “debido a la polución, que es mala para la pequeña” (y ya de paso para tener ella menos trabajo, pensamos nosotros…) y nos subimos a la habitación con LY.

La mañana ha sido intensa, así que estamos los tres verdaderamente cansados. Le ponemos a LY el pijamita, jugamos un poco con ella mientras preparamos unos fideos de arroz para comer y al cabo de un rato nos echamos una siesta de casi cuatro horas. ¡Esta niña es una bendita para dormir!



Durante la siesta, notamos que LY respira con dificultad. La pobre ya venía algo acatarrada y parece que lo tiene bien cogido. Esperemos que no le vaya a más, pero por ahora toca prudencia, así que nos quedamos lo que queda de tarde en el hotel hablando con la familia y los amigos por internet y procurando recuperar fuerzas después de estos días tan agotadores.



23 de marzo de 2013

Día 4. 17 de Marzo. El encuentro. El hilo desenredado por fin

Al levantarnos hoy ya hemos notado el nudo en el estómago. Seguimos mirándonos y llorando abrazados de forma espontánea, tenemos los sentimientos a flor de piel. Hoy tendremos a nuestra hija al fin con nosotros. No sabemos cómo será el encuentro, si llorará, si nos rechazará, si cogerá una rabieta… Por no saber, no sabemos ni cómo la vamos a alimentar las siguientes horas, pero estamos muy ilusionados.


Desayunamos en el buffet del hotel. Creo que es la primera vez en mi vida que doy tres vueltas en un buffet lleno de platos y no cojo nada hasta que, por vergüenza, acabo echándome en el plato lo primero que veo y que se parece a algo reconocible… ¡¡Todos los platos son chinos!! Ensaladas picantes, cosas irreconocibles con aspecto de carne, huevos con una pinta un tanto rara, sopas de mil cosas desconocidas… Lo más normal, el arroz tres delicias. Nada de leche, zumos o pan. Nada de yogures. ¡Hasta la fruta es rara! Y para colmo sólo hay palillos… Welcome to China!

A las 10:30 de la mañana y tras el desayuno más raro de mi vida nos encontramos con la guía en el hall del hotel. Nos hace sentarnos y nos cuenta por encima algo que ya conocemos por la ECAI: el importe de los gastos a los que tenemos que hacer frente (en yuanes) y que debemos cambiar dinero en el banco para poder pagar a los diferentes agentes que intervienen en este proceso. Nos llama la atención que primero nos hable del banco, luego de una casa de cambio, luego de un agente del banco que hace la gestión… un poco más y el cambio lo hace su tío el de Cuenca, pero en fin… Yo me quedo algo más tranquilo cuando entramos en la página oficial del Bank of China y vemos el tipo de cambio del Euro/Yuan al que cerró la sesión el viernes. Además, el señor que va a traernos los billetes nos los trae al hotel y en el mismo tienen una máquina que cuenta los billetes y detecta los falsos… Aun así me hubiera quedado más tranquilo cambiándolo personalmente en el banco, la verdad. En fin, supongo que hay que dar de comer a los comisionistas, ¿no?

Tras realizar el cambio de la pasta y esconderla bien en nuestra habitación (que el fajo de billetes que nos entregaron abultaba más de diez centímetros… Es increíble cómo unos pocos billetes de 500 euros se convierten en cientos de billetes de 100 yuanes, el billete de mayor valor facial que tienen aquí y que no llega a los 15 euros al cambio. Esto no hay quien lo esconda…), nos vamos con la guía a comprar el carro a un centro comercial cercano a su hotel. El día anterior habíamos visto ya algunos en Carrefour, por si las moscas y para tener un dato de referencia, pero en este sitio nos enseñan otros que están bastante bien. Acabamos comprando uno de Minnie, en rosa, por escasos 70 euros. Fase uno completa.

Nos enseña también tiendas de ropa de bebés (de momento vamos servidos pero nunca viene mal) y compramos también alguna cosilla para comer en el hotel antes de la entrega. Ahora solo queda aguantar una tensa espera hasta que se hagan las 15:30 y nos llame la guía para que bajemos al hall, que es donde se va a hacer la entrega.

Mientras esperábamos a que se hiciera la hora y para intentar que el tiempo corriese más deprisa, nos dedicamos a deshacer las maletas, organizar la ropa y conectarnos a Internet (misión imposible en China, por cierto…). A las 15:00 en punto nos vestimos para estar preparados: la hora se acercaba. Nos mirábamos sin saber si reír, llorar… estamos un poco en shock.



Dejamos preparadas las cámaras de fotos y la de video para el encuentro y comienza la cuenta atrás.

Cuando suena el teléfono a las 15:30 en punto respondo con el “hello?” más ansioso que he soltado en toda mi vida. Suena la voz de la guía al otro lado diciéndonos que bajemos, que ya ha llegado la gente del orfanato. Cuelgo con un “OK, ya bajamos” y miro a Susana por última vez antes de dejar de ser dos. Respiramos hondo y nos dirigimos al ascensor para recorrer los 18 pisos que nos separan de nuestra hija.

Al llegar al hall vemos a la guía, dos mujeres (que suponemos son la decana del equipo de menores del orfanato y la cuidadora principal de LY) y un hombre, R., al que ya conocemos por fotos previas. Nunca le agradeceremos bastante todo lo que ha hecho por nosotros. Entre ellos cuatro está nuestra pequeña, tapada hasta las orejas por la ropa y con cara de susto.

Nos acercamos nerviosos y Susana se queda grabando con la cámara de video los primeros instantes. La cuidadora pone a LY frente a mí y la dice “Ta shi bàba”, “Él es papá”. La niña me mira y tras unos instantes de desconcierto acaba andando hacia mí con los brazos abiertos para que la coja. Es indescriptible lo que se siente dentro, pero os aseguro que no me había imaginado ni remotamente nada igual. En ese momento sabes que es ella, que tenía que ser ella, que ya eres padre y la quieres más que a nada en el mundo y pobre del que ose tocarla un pelo… La abrazo, la beso, la estrujo. La pobre niña debe pensar que estoy mal de la chaveta, pero yo tengo todos los pelos del cuerpo erizados y estoy llorando a mares de pura felicidad. Sonrío, sonrío y sigo sonriendo para que la nena no se ponga tensa o detecte nada que la confunda, pero por dentro tengo un maremoto de sentimientos que azota mi cuerpo.



Pasado el shock inicial la llevo con su madre y la escena se repite, pero esta vez con ella. No hay rechazos, no hay dudas, no hay casi ni recelo. Ver a Susana con nuestra hija en brazos es una sensación indescriptible. Se acabó la espera, se acabó la incertidumbre. LY mira a su madre y aún no sabe lo que sentimos por ella, pero tenemos las emociones a flor de piel y suspiramos a cada gesto que hace, a cada movimiento, a cada abrazo.



Nos deshacemos en halagos hacia la gente del orfanato a dos bandas: Susana le va soltando frases a la guía cual ametralladora intentando que se lo traduzca al chino mientras yo hago lo propio con R. en inglés y él pone cara de póker. Creo que mis conocimientos del FCE de inglés han quedado temporalmente desactivados por falta de conexión entre mis neuronas, fundidas por la intensidad del abrazo con LY y la emoción del momento.



Charlamos un rato, nos cuentan los hábitos de LY y les entregamos nuestros regalos. Regalos míseros en comparación a lo que nos están entregando ellos, pero comprados con todo nuestro cariño (y uno muy especial regalado por un gran amigo que se ha desprendido de un bien muy preciado para que se lo entregara a R. como agradecimiento… Mil gracias, José Luís. Eres un grande entre los grandes…). La sorpresa viene cuando nos dicen que ellos también nos han traído regalos. Así, nos hacen entrega de un par de DVDs con fotos y videos de LY, otro con datos del orfanato, ropa para la nena recién comprada, galletas y dulces para estos primeros días, una caja con un panel desplegable en madera con una escena tradicional china preciosa… Nos dejan abrumados. Para colmo, R. nos deja un disco duro externo donde hay muchas más fotos y videos de LY y nos dice que nos copiemos lo que queramos y se lo devolvamos al día siguiente en la notaría. Increíble.



Nos despedimos de todos ellos con lágrimas aún en los ojos y nos subimos con nuestro tesorito a la habitación del hotel a intentar serenarnos un poco. La cubrimos a besos hasta llegar a atosigarla, pero no podemos evitarlo.

Veníamos algo temerosos con el tema de qué podría y qué no podría comer, pero el personal del orfanato nos ha quitado todos los miedos diciéndonos que come de todo, incluida ternera, pescado, leche de vaca, cereales, trigo… Vamos, que la dan comida de adultos, nada de papillas o purés, así que tema resuelto.

Nos ponemos a jugar con LY y nos dedica sus primeras sonrisas, que consiguen hincharnos los corazones. Juega con nosotros sin ningún problema y sin extrañarnos come tanto y con tanta ansia que nos da hasta miedo por si devuelve...

En cuanto pasan unos minutos no podemos resistirnos más y queremos conectarnos con nuestras familias para que la vean. Nos metemos en Skype como podemos y en ese momento están conectados nuestros amigos Silvia y Damián. Les llamamos por sorpresa sin siquiera avisar antes y nos coge la llamada Damián, que casi no puede contener la emoción de vernos, pues no habían sabido nada de nosotros desde que salimos de Madrid. Llama a Silvia y la saca de la ducha (¡la pobre!) para que contemple a nuestro tesoro. Silvia, con la toalla en el pelo, no es capaz de contener el llanto y la alegría al vernos al fin con nuestra hija.

Tras hablar un rato con ellos y despedirnos felices hasta el siguiente ratito, llamamos a la abuela Magda, que al fin se ha conectado. Es verla y ponerse a llorar, todo de golpe. Emocionada, la vamos contando cómo ha ido la entrega y cómo han sido los primeros momentos, cómo se encuentra la niña (¡acordaos de todos nuestros miedos!) y cómo estamos nosotros. Creo que en estos momentos es la abuela más feliz del mundo mundial… igual que nosotros.

Cuando colgamos a la abuela, llamamos al teléfono de los otros abuelos, Regina y Juan. Ellos no tienen internet y no pueden vernos (hasta que se junten con Laura), pero al menos pueden oír nuestras voces y compartir nuestra alegría. No necesitamos verles para saber que están llorando de alegría y de emoción de ver que, al fin, ha llegado su segunda nieta a la familia.

Tras un ratito de conversación y saber que la peque está plácidamente entre nuestros brazos, dejamos a los abuelos y seguimos buscando familia conectada con la que poder compartir estos primeros momentos. Es el turno de Maribel y Manolo, que han estado varios días acostándose a las mil con la esperanza de poder hablar con nosotros. Al fin conectamos con Maribel que se deshace en halagos con nuestra pequeña. Su alegría, al igual que la del resto de la familia, es contagiosa. Hace subir a Manolo del trabajo para poder pasar unos instantes con nosotros y le vemos llorar al otro lado del mundo porque nosotros somos padres y ellos, que han vivido una experiencia como esta, saben mejor que nadie lo que significa. Gracias, familia, gracias.

Cuando acabamos con el Skype es ya la hora de irse a hacerse unas fotos. Nuestra guía nos ha comentado que debemos sacarnos unas fotos para el libro de familia chino y para los trámites que deberemos hacer al día siguiente en el registro, policía y notaría. Nos ponemos en marcha y comienza la aventura de buscar, en domingo, una casa de fotografías donde nos las hagan. Acabamos encontrando una abierta tras una buena caminata y este es el resultado:




Volvemos al hotel –no sin antes comprar la cena de camino con ayuda de nuestra guía– y seguimos jugando con LY un ratito en el suelo enmoquetado de la habitación. La niña ríe y se muestra juguetona con nosotros, así que disfrutamos como enanos con ella. Al cabo de un ratito se nos ocurre enseñarle a LY algunas fotos y acabamos mostrándole el álbum que una de sus cuidadoras la ha dedicado con todo cariño, lleno de fotos del orfanato. En ese momento le cambia la cara y se pone triste. Increíble cómo pueden remover por dentro estas cosas a una niña de dos años escasos…

Al fin, tras la cena, la desnudamos para ponerle el pijamita. Otra sorpresa: tiene una mancha en la rabadilla, como un gran moratón. Pensamos que se ha debido dar algún golpe recientemente, posiblemente al bajar de un tobogán. Incluso pensamos en llamar a nuestra guía para decírselo y que no piensen que hemos sido nosotros, pero nos parece excesivo y decidimos comentarlo al día siguiente con todos ellos. Lo curioso es que no la duele la zona. Ni siquiera parece molestarle…

Le ponemos el pijama y al fin nos acostamos los tres en la cama, ella en medio. Llora un ratito (nada que un buen chupete no solucione), se agarra con sus manitas a nuestros dedos y se acaba durmiendo plácidamente entre ronquidos (está algo acatarrada y la polución de la ciudad no ayuda precisamente). Somos tres. Somos felices. Somos padres.





Día 3. 16 de Marzo. Beijing - Jinan. Universos diferentes

Comenzamos, bueno, mejor dicho, continuamos la aventura tras el vuelo. Una vez recogidas las maletas toca encontrarnos con nuestra guía de adopción. Salimos con S. a la puerta de la terminal y allí hay una chiquilla lindísima con cara de buena gente. Es su guía, contratada con el BLAS. Pero ni rastro de la nuestra. Jo, empezamos bien… Sí, es cierto, nuestro avión ha llegado casi con 30 minutos de adelanto con respecto a la hora estimada…pero también para el BLAS, ¿no? En fin, esperamos un rato (S. se queda con su guía con nosotros por si acabamos teniendo problemas… ¡gracias amiga!) y al fin llega nuestra guía, una mujer de edad similar a la nuestra (quizás algún año más) que aparenta ir con prisas y allí separamos, al menos hasta el regreso a Beijing, nuestros caminos con S.


Tras presentarse nos lleva a un coche con el chófer preparado para llevarnos a la estación de tren de Beijing. Por el camino nos cuenta que la niebla que estamos viendo en Beijing (inclusive dentro de la terminal del aeropuerto) es, realmente, polución. La famosa nube de contaminación que envuelve la urbe de Beijing, con veinte millones de personas habitando en ella, hace que el ambiente sea casi irrespirable. El sol asoma tímidamente como una bola naranja apagada a través suyo y le da a todo un ambiente de melancolía y tristeza tremendo.



Nosotros llevamos dormidas cinco horas en dos días, así que estamos reventados. Pero ¡ay, amigos! Aquí son las seis de la mañana, el día acaba de empezar y no tenemos tren hasta las 11:30, así que…se prepara tormenta. En el trayecto de media hora hacia la estación de tren de Beijing nos damos cuenta de dos cosas:

1. No dormir + coche + calor = mareo

2. El tráfico en China es caótico (sobre este tema hay para escribir un monográfico… ya lo haremos más adelante)

Llegamos a la estación sobre las 6:45, mareados como patos. Tenemos que pedirle a la guía que se espere unos minutos mientras tomamos aire fresco (Dios mío, qué estará pensando esta señora de nosotros…) y por fin, tras recuperarnos un poco, entramos en la estación de tren. Bueno, al menos intentamos entrar, porque primero hay que pasar control de equipajes y arco de metales. Sí, como lo oís: todo el mundo que quiere acceder a la estación debe pasar por rayos X y el arco de metales. A Susana la acaba cacheando una policía china por haber pitado en el arco y todo…

Tras acceder al fin a la estación, la guía va a comprar los billetes de tren por nosotros. Es la primera vez que veo que se necesite un pasaporte para sacar un billete de tren… China es un mundo diferente.

Amablemente nos comenta que podemos ir a pasear por la estación y tomar algo (yo creo que ha visto nuestras caras y ha pensado que necesitamos un café o dos), así que se quedará ella con las maletas y nos presta 200 yuanes (unos 25 euros) para nuestros gastos. Nos despedimos de ella y, antes de nada, vamos al aseo. Puaj. Solo digo eso, no queráis saber el resto… Para que os hagáis una idea, no había wáter. Sólo un plato de ducha con un agujero en el centro…

Tras nuestra visita a los aseos chinos nos decidimos a tomar algo calentito, para asentar los estómagos algo revueltos tras el avión y el coche. Entramos en una cafetería/tetería pretendiendo pedir algo sin tener ni idea de chino salvo leves nociones muuuuy básicas. Meeec! Error. Nadie habla inglés. Menos mal que tienen una carta de tés y podemos señalar con gestos universales y pedir dos tés verdes. Susana, pese a estar medio dormida, me advierte mientras nos vamos a nuestros asientos que cree haber visto en el precio unos 90 yuanes por té. Como me parece extraño (por lo caro) le quito importancia al tema pensando que habrá visto mal. Pues no. Estaba en lo cierto. Debemos estar en la cafetería más pija de toda la estación de tren de Beijing (de hecho está vacía) y nos soplan 180 yuanes (veintitantos euros…) por dos tazas de té caliente y sin azúcar. China 2 – España 0.

Damos un pequeño paseo para intentar que Susana se espabile y volvemos con nuestra guía, quien nos cuenta que se va a desayunar (¡la pobre! Esperándonos sin desayunar…). Al cabo de un rato vuelve y decidimos dar otro paseo, sin decirle nada de lo de los tés (para que no nos tome por más idiotas de lo que ya debemos parecerle) y sacar algo de dinero en un cajero sin tener muy claro si íbamos a poder. ¡Bendita VISA! Sacamos algo de efectivo para poder desayunar. Habíamos visto un McDonalds y un Burger King, así que pensamos en comer algo occidental. ¡Craso error una vez más! Ambos sitios tenían de todo (tallarines, fideos, arroz, sopas…) menos hamburguesas. Al final acabamos en un KFC comiendo un par de hamburguesas de pollo…¡y encima estaban picantes! ¿Dije mundos diferentes? ¡Universos diferentes!

Miramos el reloj y, tras sumar la diferencia horaria de seis horas, pensamos que es la hora de ir regresando para ir con calma a por el tren cuando de repente vemos el reloj de la estación. ¡Horror! No sabemos por qué pero ¡la diferencia no son seis sino siete horas! Corremos hacia el sitio donde está nuestra guía y la vemos arrastrando su maleta y las dos nuestras como puede hacia la puerta de acceso al andén… Vamos tardísimo y con el tiempo muy justo, pero al final conseguimos subirnos. Lástima que nos hayamos subido siete vagones más lejos de donde debemos estar y el tren ya haya arrancado… Nos toca recorrer siete vagones con las maletas a pulso (no caben de ancho por el pasillo, así que las llevamos de lado) y pidiendo disculpas a todo aquel a quién pisamos o golpeamos mientras la guía nos mira entre divertida y flipada… Joooodeeeer… vaya día…

La primera clase del tren es espectacular. Asientos de cuero, sillones que se giran 180º para ir uno frente a otro y charlar o cerrar negocios… Impresionante. Ahí ya sí que nos dormimos todos mientras el tren se dirige a 303 Km/h hacia Jinan. Antes viajaba a 350 Km/h pero tuvieron un accidente grave y decidieron que para solucionarlo, lo mejor era bajarle 47 Km/h la velocidad. ¡Vaya pedazo de solución!

Una hora y media después ya hemos recorrido los 400 Km que separan ambas ciudades, así que nos bajamos en la estación y seguimos a nuestra guía como podemos (¡lo que corre esta mujer!) hacia la salida, donde nos espera otro coche con chófer para llevarnos al hotel. Nuevo colocón y, al fin, el ansiado hotel.

Tras hacer el check-in, la guía nos acompaña para ver que todo esté en orden. Ella va a acompañarnos todos los días hasta nuestro regreso y su hotel está a cien metros del nuestro. Es la primera vez que tiene que hacer una adopción en Jinan, pero se queda alucinada al ver la habitación del hotel que hemos cogido (al no hacerlo por su agencia pensaba que habíamos cogido una porquería de hotel… nada más lejos de la realidad).

Por fin todo en orden, deshacemos las maletas. Estamos hechos polvo y mañana, según nos ha dicho S. (nuestra guía), conoceremos a la peque a eso de las 15:30 hora local. Estamos a menos de 24 h. de ti. Un escalofrío me recorre sólo de pensarlo, pero no queremos idealizar el encuentro, así que lo mejor sería dormir y descansar, pero queremos adaptarnos lo antes posible al cambio horario y minimizar el jet-lag (Javi ya nos dio consejos al respecto), por lo que decidimos acercarnos a un Carrefour que hemos visto cerquita del hotel a comprar algo…

Carrefour chino. Ambas palabras juntas en una frase ya suenan de por sí raras, pero entrar en uno es una experiencia mística… Es como estar en un supermercado chino en Alicante pero de la extensión de un Carrefour. Alucinante. Reconocer mínimamente algo es misión imposible. Incluso leyendo los carteles que hay debajo con una breve descripción en inglés. Las cosas más raras que nos hayamos podido imaginar se agolpan en estanterías hasta llegar a la sección de pescado fresco, con múltiples peceras llenas de pescado y crustáceos vivos. Otra zona de comidas “preparadas” donde hay varios chefs chinos haciendo platos rarísimos, especias y arroz a granel en cubos enormes de madera de más de un metro cúbico de capacidad (¡parecían parques de bolas para pulgas!)… y mientras tanto una megafonía machacona y altísima lanzando spots publicitarios ininteligibles. Además todo está lleno de colores chillones y de carteles luminosos… Una experiencia no apta para corazones débiles.

Salimos de allí con unas galletas idénticas a las que vimos en una foto del orfanato, un sobre y un tetrabrik de leche de la misma marca que lo que vimos en otra foto y algo de agua mineral (que la guía nos ha advertido de que el agua del hotel –y en general la de toda la ciudad- no es potable…). Por cierto, el capítulo de aguas merece un especial apartado: las hay minerales, minerales “depuradas”, no minerales, destiladas, depuradas y así una completa clasificación que estoy casi convencido acaba en aguas de cloaca y similares. China is different.

Finalmente, llegamos de nuevo al hotel y nos acostamos, destrozados tras casi tres días sin dormir y con la ilusión en nuestros corazones del encuentro de mañana. A las 10:30 hemos quedado con la guía para ir a comprar un carrito y algunas cosas de primera necesidad y a las 15:30… nuestra peque nos espera. ¡Dulces sueños, LY! Esta es tu última noche como una hija que espera y la nuestra como unos padres que esperan. Al fin.



Día 2. 15 de Marzo. Madrid - Beijing. El poder del amor

Tras dormir poco más de cuatro horas en el hotel, nos levantamos y bajamos a desayunar algo nerviosos. El día promete: hoy toca nuestro vuelo a Beijing, el vuelo más largo y ansiado de nuestra vida. Huelga decir que tanto Susana como yo tenemos pánico a volar (y si no, véase nuestro blog del viaje a Polonia…), así que sabemos que hoy nos enfrentamos cara a cara a uno de nuestros grandes miedos. ¡A ver quién puede más!


Un desayuno frugal en el hotel (no vaya a ser que se nos ponga mala la tripita ahora, que sería un momento genial…) y a coger la lanzadera gratuita de la que dispone el hotel para ir a la T1 de Barajas. Anoche descubrimos que el bolso cuenta como equipaje de mano, por lo que hemos metido todo lo que se podía meter en una de las maletas y el resto en el equipaje de mano, reorganizándolo todo y pasándonos en más de 2 Kg de peso en una de las maletas. Los problemas de las prisas de última hora, pero en fin. Pagaremos y punto…

A las 8:15 de la mañana nos plantamos en la T1 y, tras buscar en los paneles de información el número de mostradores de Air China para facturar maletas y obtener tarjeta de embarque, nos dirigimos al punto donde se está ya comenzando a hacer cola. He aquí nuestras caritas, mezcla de alegría y nerviosismo:



En la cola de embarque conocemos por primera vez a una inesperada compañera de viaje con la que acabamos entablando amistad, nuestra querida S. que va también a por su peque. He dicho inesperada aunque realmente no debería sorprendernos: ya nos habían comentado que había otra familia, monoparental, que iba en el mismo vuelo que nosotros. Está tan ilusionada y nerviosa como nosotros, y como siempre es agradable no estar solo en una situación desconocida, así que nos pegamos como lapas desde ese instante.

Al cabo de un rato, la ventanilla abre y una amable señorita nos factura las maletas haciendo caso omiso de los 2 kg de sobrepeso y del exceso de tamaño de las mismas (¡¡300$ ahorrados!! Gracias, amable señorita, sea Ud. quien sea… ojalá tenga un maravilloso día). Tras revisar nuestros pasaportes, visados y billetes en papel nos dan las tarjetas de embarque. ¡Ya las tenemos!:





Sin quererlo demorar más, nos vamos los tres juntos hacia la zona de acceso a las puertas de embarque. Control de líquidos y dispositivos electrónicos (cacheo incluido a Susana por pitar en el arco de metales) y, de ahí, control de pasaportes y visado (de nuevo) en la zona de vuelos internacionales.

A las 10:45 en punto, embarcamos. Esta vez, a diferencia del viaje a Polonia, no estoy “atacado” de los nervios. Para ser sincero, algo de cosquilleo sí que tengo en el estómago, pero hay algo superior a todo, algo que se sobrepone a lo que sea. Vamos a por nuestra hija y la fuerza de ese amor no conoce límites, así que subimos como campeones al avión, nos aposentamos en nuestros asientos de Barbie china (es decir, talla XXS) y esperamos pacientemente a que el avión comience a rodar por la pista para romper a llorar de nuevo como niños. Lo hemos logrado. Nos vamos a por LY.

El despegue, limpio y sin problema alguno. Una vez arriba (a 39.000 pies del suelo, algo más de 11.000 metros y volando a cerca de 1.000 km/h) empieza la fiesta: camareras chinas de talla “Zara niños” van pasando con sus carritos por el pasillo (de la misma talla, por cierto) y nos van trayendo de forma reiterada bebida y comida. Aquí hago mis primeros pinitos con el chino: pudiendo pedir “cold wáter” como todo hijo de vecino, se me ocurre pedir “bing shuí” (agua fría) para ambos. La chica asiente obedientemente y acabamos con un hermoso té caliente y sin azúcar entre nuestras manos. Empezamos bien, pienso para mis adentros, aunque debo también confirmaros que se dice así (pronunciado “ping shuei”) y que la siguiente vez lo entendió perfectamente, jijiji

Las horas van pasando lentamente mientras nosotros hacemos nuestro pequeño ritual aeronáutico para viajes de más de 30 minutos: ejercicios de manos, tobillos, pies, piernas y espalda para evitar el síndrome de la clase turista mientras jugamos a la consola, vemos una peli de José Mota (“La chispa de la vida”, la única del catálogo en español, por cierto…) y nos damos paseos por el avión (de lado, no como los chinos que van de frente porque cabrían hasta dos de ellos a lo ancho) para ir hasta la cola y encontrarnos allí con S. (que va dos filas delante de nosotros) y charrar de cuando en cuando.

Quitando unas pequeñas turbulencias de no más de 30 minutos de duración a la altura de Moscú, el viaje transcurre con normalidad. Eso sí: las horas se hacen interminables. No podemos dormir (por el cosquilleo del estómago, que sigue ahí, por los asientos de la “señorita pepis” y por la excitación ante el viaje que estamos marcándonos y lo que se avecina), así que seguro que acabamos con un jet-lag de-que-te-cagas…

A las 22:30 hora española acabamos viendo la ansiada pantalla en nuestros monitores:



¡Estamos a punto de lograrlo! Sólo queda la segunda parte peligrosa del viaje el aterri… ¡leches! ¡si ya hemos aterrizado, casi sin enterarnos! Lo que oís: un aterrizaje suavísimo en el cuarto nivel del aeropuerto de Beijing. Cuarto nivel porque tiene plataformas de aterrizaje a cuatro alturas diferentes, con autopistas que pasan por debajo y demás… Impresionante donde lo haya, oiga…

Desembarcamos, nuevo control de pasaportes, fotografía de entrada en el país hecha en el acto y documentación de dónde vamos, cuándo volvemos y dónde nos alojamos entregada (que digo yo que para eso podrían ponernos una cámara en salva sea la zona y se ahorraban el curro, pero en fin…). Todo Beijing está envuelto en lo que parece una densa niebla que luego, según nos cuentan, es la mezcla de la niebla con la contaminación de una ciudad de 20 millones de habitantes. ¡Hasta dentro de la terminal del aeropuerto hay niebla!

Vemos pasar un batallón de limpieza uniformado y casi diríase que marcando el paso en plan marcial, mocho de fregar en ristre. Sacaríamos la cámara para grabarlo si no fuera porque sospechamos que, en el mejor de los casos, nos deportarían por tan grave ofensa a la patria y al partido…

Ahora sólo queda recoger las maletas. ¿Pero dónde? Seguimos constantemente los carteles hasta que llegamos a un andén. Sí, sí, un andén. Cada tres minutos pasa un trenecito que te acerca hasta la zona de recogida de equipaje. Un viaje de 8 minutos para alucinar, ¡¡¿¿Pero qué tamaño tiene esta terminal??!!

Al final conseguimos recoger nuestras maletas a las 23:30 hora española, por lo que, por ahora, ha salido todo bien. Siguiente paso: viajar a Jinan… pero eso será el día 3 (vaaale, realmente es justo a continuación de la recogida de las maletas, pero es que, con el cambio de huso horario… ya estamos en el día 3 y ¡se merece una entrada en el blog para él solito!). Hasta el día 3 pues.



15 de marzo de 2013

Día 1. 14 de Marzo. Alicante - Madrid. Calentando motores...

Hoy comenzamos nuestro diario del viaje de adopción a por nuestra pequeña, así que durante los días que dure y mientras el cuerpo aguante (y la pequeña LY y las telecomunicaciones lo permitan) intentaremos ir contando lo que vivimos. Lo hicimos en nuestro viaje a Polonia y ha resultado ser un recuerdo precioso, así que este viaje no puede ser menos. ¡Ahí vamos!

Día 1. 14 de Marzo. Alicante - Madrid. Calentando motores...

Hoy ha sido un día intensísimo, emocionalmente hablando. Toda esta semana (y este mes, diría yo) hemos ido notando como crecían en nuestro interior los nervios, la ansiedad por llegar a esta fecha y empezar nuestro viaje a por la pequeña y preciosa LY, nuestra esperada hija. Hoy, al fin, hemos echado a andar.

Tras una mañana (y tarde en el caso de Susana) de trabajo, hemos terminado a todo correr las maletas y supervisado que, al menos todo lo importante, estuviera controlado y en orden. Tras una revisión de la casa y las instrucciones pertinentes a nuestro "guardián" particular (¡qué haría yo sin mi suegro, señor!), bajamos a la estación de tren con los nervios a flor de piel.

Primera sorpresa: algunos de nuestros queridos amigos se habían acercado a despedirnos, así que las primeras lágrimas con ellos y con nuestra familia ya comenzaban a aflorar. Las emociones empezaban a soltarse y los abrazos y besos se producían sin cesar. Aquí nuestras caras de felicidad:


El tiempo con ellos se nos hizo cortísimo: cuando nos queríamos dar cuenta ya era la hora de subir al tren. Más besos, más abrazos, risas nerviosas... es el momento de decir "hasta pronto" y de reencontrarnos siendo uno más en unos días.

Subir al tren y ver a todos mirándonos y despidiéndose nos terminó de quitar la coraza de autocontrol y falsa tranquilidad y rompimos a llorar, pero llorar de felicidad, sonrientes, nerviosos, con una tremenda complicidad y un amor infinito en nuestras miradas brillantes. Llorando subimos al tren, llorando hicimos nos despedimos desde él y llorando nos fuimos durante la siguiente hora, abrazados, besándonos y tocándonos como para terminar de afianzar la realidad: estamos de camino a por nuestra pequeña. Así lucíamos en el tren:


Emocionados y felices, empezamos a enviar mensajes a cientos. Con ambos móviles echando humo pasamos la mayor parte del viaje de Alicante a Madrid. La gente nos veía, ahora riendo, ahora llorando de felicidad, ahora embelesados y cogidos con toda ternura de la mano, con mil recuerdos y mil sentimientos dentro de nosotros. Los que nos han acompañado en el vagón han debido de flipar...

Nuestra querida Regina nos había preparado la cena (que podría ser cena-desayuno-almuerzo) para que no nos faltara de nada. ¡Qué gusto da dejarse cuidar así! Para muestra, un botón:


Finalmente, completamos esta primera etapa algo cansados por todo el tute del día, sin batería en los móviles por los cientos de mensajes (¡ni cargadores, que nos los hemos dejado en casa! Mañana compramos uno en el aeropuerto...) y con el tiempo justo de llegar al hotel a descansar unas horitas antes de nuestro gran viaje. Decir que en el hotel se han portado maravillosamente y nos han prestado el cargador de la Blackberry de uno de los miembros de la plantilla para que esta noche podamos cargar los móviles y así no pasar apuros mañana ni al llegar a Beijing. Buena gente, sí señor...

Mañana comienza la "etapa reina": Madrid - Beijing del tirón. Doce horitas para el recuerdo. Doce horitas para estar ya cerquita de nuestra niña. Doce horitas para estar a un día de ser padres al fin. Gracias, Dios mío. Gracias, amigos. Gracias familia. Gracias.

13 de marzo de 2013

La cuenta atrás

Querida hija

Estamos en la recta final para llegar a tí. Nuestra cuenta atrás particular está acercándose al maravilloso punto en el que te tendremos en brazos y no podremos dejar de reir y llorar todo a la vez.

La mezcla de sensaciones estos días es tremenda, pero la alegría y la emoción casi incontrolable son, con diferencia, las que más destacan. Ver cómo se emocionan nuestros amigos y familia por tí, por nosotros, por llegar a la meta que más que un final marca un inicio es realmente increíble.

Soy consciente de que tu camino, pese a todo, va a ser duro. Vas a salir de una institución donde llevas desde bebé, con gente desconocida para tí, que habla distinto, viste distinto, huele distinto... Sé que los primeros días (o semanas o meses) muy posiblemente nos rechazarás, no querrás saber nada de nosotros y lo entiendo: la incertidumbre con la que vivirás este cambio es enorme. No me puedo ni imaginar lo que pasará por esa cabecita dando mil vueltas a toda velocidad al cambio de situación, pero ¿sabes qué? A nosotros nos pasa justo lo contrario: tenemos una seguridad plena en que eres nuestra hija, que te queremos con locura aún sin tenerte a nuestro lado y estamos preparados para absorber todas tus reacciones con absoluta normalidad. El amor nos ayudará a superar todas las barreras y dificultades que el camino nos ponga por delante, estoy convencido.

Así que comienza la cuenta atrás real, esa cuenta atrás como la de los astronautas de la NASA en la que se oye una voz en "off" que, con voz metálica, dice algo así como "Three. Two. One. Ignition" ya está aquí. La semana que viene seremos una familia de tres y nuestro sueño se habrá hecho realidad y comenzaremos una nueva vida contigo. Ojalá sepamos proporcionarte todo lo que necesitas. Te queremos.

5 de marzo de 2013

Mamá protectora: ¡Al ataque!

Ya hablé con Dani de las experiencias de ser madre adoptiva. Una de las que estoy echando mucho en falta es de que nadie me hable de mi hija, que nadie pregunte, se interese (excepto la familia bio y del corazón). Ya había oído comentar que es un acontecimiento que los demás no viven como tú, y que eres tú misma la que acabe sacando el tema para poder hablarlo y compartirlo, pero que en un par de minutos... los demás cambian de tema.

Con una buena barrigota embarazada todo son felicitaciones, preguntas de cuál es tu estado de ánimo, qué necesitas, consejos de gente... el asunto está ahí, bien presente en forma de abultado vientre mientras que en el caso adoptivo, es algo que está ahí... y de lo que no se habla.

He vivido este año dos embarazos en mi centro de trabajo. Y mi asignación. No hay comparación posible. Se ha recaudado dinero para hacer un regalito conjunto, se ha hablado del tema con naturalidad... mientras, yo estaba cerca y felicitando e interviniendo como los demás pero... ¿Quién se acuerda de LY? Nadie.

Ah!!!! Pero luego pasa algo muyyy curioso. Un día, conversas y cuentas cual es el proceso que estás pensando para con tu hija. Que las psicólogas nos aconsejan el colecho, que una buena abuela es mejor que una guardería en el caso de la adopción porque es mucho más importante el vínculo que el aprendizaje en infantil (porque si no hay vínculo, el aprendizaje no evoluciona como debiera), que no es obligatorio escolarizar hasta la educación primaria...

Como una manada de lobos, de repente en ese momento toooodo el mundo sí que se cree con derecho a opinar. Que si el colecho es lo peor, que si fulanito adoptó y no hubo colecho y mira que bien está... que si la guardería en septiembre la metamos porque es mucho mejor que una abuela y se va a socializar mejor (a pesar de que la psicóloga ya nos dice que si va al parque todos los días se socializa igual). Que si la guardería va a hacer que hable antes, que si las abuelas consienten y luego van las niñas al cole resaviadas, que qué locura es esa de no tener bien claro que mi hija debe empezar el colegio cuanto antes...

Así me ven ellas:

Que soy superprotectora, que si la lengua de signos teniendo un oído es una chorrada (cuando en la asociación de sordos nos dejaron bien clarito que la niña, precisamente por no tener un oído, es sorda aunque en grado leve), que si lo de la alimentación progresiva de alimentos que jamás ha comido y para los cuales su organismo no está preparado es una idiotez, y un largo etc.

Yo lo único que pensaba, era en LY y en su protección:

Protección de las que van a ser futuras profesoras y profesores de mi hija, que aun siendo verdaderos especialistas en su materia, son unas completas "resabiadas" de un tema que ni entienden, ni quieren realmente conocer.