
Cuando hablo con Susana de esto quizás le transmito todo lo que siento "contrario" a este proceso: que estamos muy bien así, que ya llegará pero no hay prisa, que con la situación actual podría ser un mal momento, bla bla bla...
Pero dentro de mí siento que quiero que seamos padres ya, que estamos preparados para serlo y que cuanto más tiempo pase, peor para todos. Sé que puede que ya estés por ahí en el mundo, esperando a que vayamos a recogerte y que los malditos trámites y la bur(r)ocracia de este país obligan a que haya unos tiempos, tan marcados como excesivos, para que un bebé que no tiene a nadie que le quiera en el mundo pueda llegar al seno de una familia que lo va a querer como propio y lo va a cuidar y a proteger más que a nada en el mundo.
Ayer estaba desbrozando la parcela de tus tíos (algún día hablaremos de ellos... merecen capítulo aparte, aunque les queremos un montón y ellos se van a enamorar de tí al primer vistazo, estoy seguro) y al ver los postes de madera que traje para fabricarte un columpio se me hizo un nudo en la garganta y tuve que parar de hacer la faena que estaba haciendo hasta recuperar el aliento.
Sé que siempre que hemos tenido que esperar, que siempre que hemos pasado una temporada dura ha sido para mejor y que Dios guía nuestros pasos para que podamos llevar una vida plena y ser y hacer felices a los demás, pero a veces, esa espera, se hace eterna.
El caso es que, vengas cuando vengas, te querremos como a nada en este mundo. Mientras tanto, un beso y descansa mucho, hij@ mí@.
(Imagen de Mafalda de Quino)